El diario gratuito de Mendoza

de de

Mendoza

Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Martes, 20 de Marzo de 2018

Luces amarillas

En estos primeros tres meses del año 2018 el crédito se volvió más caro y ya encendió luces amarillas en las distintas cámaras empresarias. Tal es así que los integrantes del Grupo de los Seis, donde participan la UIA, Construcción, la Sociedad Rural, bancos y la Bolsa comenzaron a explorar distintas opciones para que el sector privado no pierda capacidad de financiamiento.

Si el Gobierno no hace algo urgente, advierten, las inversiones comprometidas no podrán llevarse adelante.

Para las empresas, el elevado costo del crédito se volvió mucho más relevante que la volatilidad del dólar.

La peor parte la llevan las pymes. A partir de enero, por orden del titular del Central, Federico Sturzenegger, comenzó a desactivarse la línea de financiamiento productivo, que desaparecerá a fin de 2018. La misma obligaba a los bancos a prestar al sector productivo a tasas del 17% anual en pesos. Y el 75% debía dirigirse a empresas chicas para financiar capital de trabajo, por ejemplo descuento de cheques.

También las familias son víctimas del aumento del costo del crédito. De manera coordinada, los bancos decidieron subir entre dos y tres puntos la tasa para acceder al crédito hipotecario. Lo que empezó siendo un préstamo a UVA más 4% en la mayoría de los bancos ahora pasó al 7 u 8% por sobre la inflación. La demanda sigue siendo enorme, teniendo en cuenta que la cuota mensual igual es más conveniente que el pago del alquiler.

Este gobierno heredó un Estado y un Banco Central casi quebrados. Debido al gradualismo elegido como estrategia han logrado un muy lento y acotado avance en términos de mejorar su solvencia. Por lo tanto, no hay ninguna posibilidad de que puedan aguantar el corte del crédito que implicaría una crisis mundial. Por eso, hoy que hay excesos de liquidez el Gobierno debería abocarse a generar una red de seguridad financiera con créditos contingentes (a usar si se da una debacle internacional) que podrían ser provistos por organismos internacionales, bancos centrales de países desarrollados y bancos comerciales.    

A las luces amarillas que se presentan por el tema créditos y financiación, hay que sumarle la cuestión inflacionaria, que siempre está en el centro de la escena nacional.

Es una discusión que todavía no tiene respuestas contundentes. Es un proceso harto conocido en la historia de nuestro país que produce dolor de cabeza a los ciudadanos y a los gobernantes.

No hay duda de que la inflación tiene origen fiscal en Argentina. El gobierno anterior financió el déficit sólo con emisión. Este Gobierno priorizó el control de la inflación sobre la reactivación. El Banco Central lo dice de frente. Y redujo la emisión para el Tesoro. La brecha se cubre con deuda en una política de baja gradual del déficit. Sin embargo, las expectativas de inflación siguen altas. La mitad de los consultados en un informe del Instituto Di Tella esperan una inflación de 24% o más, también para este año.

Es importante entender que para acotar la inflación sin lacerar el crecimiento se necesita política económica de sintonía fina. Es decir una estrategia coherente y creíble que ataque las causas y modere las expectativas.

Una receta más indirecta pero también más eficaz para combatir genuinamente la inflación es propiciar un proceso de crecimiento vertiginoso a “tasas argentinas” mediante un conjunto de medidas destinadas a incrementar la rentabilidad empresarial. La economía argentina está ahogada por la excesiva presión impositiva y la alta incidencia de diversos sobrecostos que forman lo que suele denominarse el costo argentino.

En un momento como el actual, insistimos, como lo hemos hecho en otras ocasiones, sería particularmente útil contar con un consejo económico y social, en cuyo seno el Gobierno concerte con los actores privados, del trabajo y la empresa, una estrategia de crecimiento con equidad y estabilidad razonable de precios. Sería particularmente útil para el tratamiento de los temas sectoriales en el marco del desarrollo económico del país y su vinculación con el orden mundial.

La suba del dólar, el aumento de tarifas, la puja salarios-precios, incrementan más la inflación real y eso es peligroso para un país tan susceptible al  tema.

Hacen falta nuevos consensos y un acuerdo general y no sectorial.

Seguí leyendo en Roberto Suarez