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Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Martes, 13 de Marzo de 2018

Francisco, cinco años

Mucho se ha dicho y escrito sobre los primeros cinco años del Papa Francisco. El 13 de marzo de 2013 el cónclave elegía al primer jesuita argentino como obispo de Roma produciendo un notable impacto en la Iglesia y el mundo.

Martes, 13 de Marzo de 2018

A cinco años de tan importante acontecimiento, sobre todo para los argentinos, se escuchan admiradores, seguidores y muchos críticos.

Entre esos críticos hay varios compatriotas que han sumergido a Bergoglio en la tremenda grieta que viene desde hace unos años, y que ha dividido penosamente a un país que nunca sale a flote.

El pensamiento del Papa argentino se conoce desde hace años, su posición ante la pobreza, su inclinación política más cercana al peronismo, como Laguna o Arancedo al radicalismo o como Novak y De Nevares al socialismo, o como Quarracino, Plaza y varios más a la extrema derecha. Quién no sabía que el padre Jorge vivía modestamente cerca de la gente, que era hincha fanático de San Lorenzo.

Basta leer el libro “Sobre el Cielo y la Tierra”, de editorial Sudamericana, donde el papa Francisco, siendo todavía arzobispo de Buenos Aires, y el rabino Abraham Skorka, conversan sobre 29 temas, comparten sus pensamientos sobre la religión, la razón y los desafíos que el mundo enfrenta en el siglo 21, para saber quién era y ahora no sorprenderse tanto.

“Sobre el Cielo y la Tierra” relata debates seminales como el producto de muchas horas de conversaciones entre los dos líderes religiosos, y aborda temas como Dios, el fundamentalismo, el ateísmo, el Holocausto, el aborto, la homosexualidad, la eutanasia, el matrimonio del mismo sexo y la globalización. La revisión de estas conversaciones es particularmente relevante al inicio del pontificado del papa Francisco, ya que ofrecen una mirada única a su compromiso con el fortalecimiento de las relaciones interreligiosas, pero además con todos los temas relevantes de la actualidad. Por medio de estas conversaciones emerge la ocasión de conocer al hombre que se convirtió en el líder de los 1.200 millones de católicos alrededor del mundo hace hoy cinco años.

El pontífice que cambió un estilo tradicional dentro del Vaticano. Pasó de la frialdad germana de Benedicto XVI, a una comunicación gestual entre bromas, besos y abrazos y actitudes que claramente fueron en la búsqueda de un encuentro mayor de la iglesia con el pueblo. Su primera definición ante periodistas fue terminante: “Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”.

En su primer discurso sobre temas financieros, lamentó que la crisis haya empeorado la vida de millones de personas y abogó por una mejor distribución del dinero.

En lo que pasará a la historia como su primer discurso referido a temas económicos, el papa Francisco condenó la que llamó “tiranía” del mercado y el “culto al dinero”.  “El dinero tiene que servir, no gobernar”, dijo la autoridad católica. 

“Hemos creado nuevos ídolos. La antigua veneración del becerro de oro ha tomado una nueva forma en el culto al dinero y la dictadura de la economía sin rostro y carece de una verdadera meta humana”, dijo Francisco, antes de solicitar una “reforma financiera, junto con líneas éticas que produzcan una reforma económica para beneficiar a todos”, añadió.

Pero volviendo al libro al que hago referencia y que recomiendo leer, quiero rescatar algunos de los temas que planteaba Bergoglio. Al referirse a los ancianos, a los viejos, sostiene que “en nuestra sociedad, antes podíamos hablar de opresores y oprimidos. Con el tiempo advertimos que esa categorización no nos alcanzaba, había que añadirle otra más, la de incluidos y excluidos. Hoy día la cosa se ha puesto mucho más salvaje y tenemos que añadir otra antinomia más: los que entran y los que sobran. En esta civilización consumista, hedonista, narcisista, nos estamos acostumbrando a que hay personas que son de desecho. Y entre ellas tienen un lugar muy importante los ancianos. Algunos abuelos molestan en la casa y se termina guardándolos en un geriátrico como se coloca en el placard un sobretodo en el verano. Son muchos los que abandonan a quien les dio de comer, a quien los educó, a quien les limpió el traste. Me duele, me hace llorar por dentro. Y no hablemos de lo que llamamos la eutanasia encubierta: la mala atención de los ancianos en los hospitales y en las obras sociales, que no les dan los medicamentos y la atención que necesitan. El anciano es el transmisor de la historia, el que nos trae los recuerdos, la memoria del pueblo, de nuestra patria, de la familia, de la cultura, de una religión”... Sabias palabras de Francisco sobre la realidad de la tercera edad, hasta cuando afirmaba sobre su propio estado al decir: “Con setenta y cuatro años estoy empezando la ancianidad, no lo resisto. Me preparo y quisiera ser vino añejo, no vino picado. La amargura del anciano es peor que cualquier otra, porque es sin vueltas. El anciano está llamado a la paz, a la tranquilidad. Pido esa gracia para mí”.