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Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Martes, 27 de Febrero de 2018

Racismo

El 15 de enero pasado los estadounidenses y el mundo entero recordaron al luchador por los derechos civiles Martin Luther King, quien pronunció el conocido discurso “Tengo un sueño”, en medio del escándalo desatado por los comentarios racistas del presidente Donald Trump y por su cercanía ideológica con los supremacistas blancos.

Martes, 27 de Febrero de 2018

Fue en Washington, frente a más de 200 mil personas reunidas en el Monumento a Abraham Lincoln, donde pronunció el que se considera su discurso más conocido y citado.

“Cien años después -recordaba King el tiempo trascurrido desde la Proclamación de Emancipación de los esclavos en 1863-, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra”.

Más de medio siglo después de sus palabras, dichas el 28 de agosto de 1963, la realidad de los negros en Estados Unidos está lejos de ser un “sueño”.

Según cifras del Urban Institute de Washington, por cada seis dólares que tienen los blancos, los negros sólo tienen uno.

Las personas con ese color de piel tienen cinco veces más probabilidades de ser arrestadas y las penas que se les aplican son 20 veces superiores, de acuerdo con la Comisión de Sentencias de Estados Unidos. Si bien los afroestadounidenses son el 12% de la población del país, representan el 40% de las personas encarceladas, apunta la Universidad de Stanford, en California.

El prestigioso centro Southern Poverty Law Center (SPLC), que se dedica a monitorear los grupos de odio en Estados Unidos, reconoce un total de 130 organizaciones vinculadas al Ku Klux Klan en el 2016, último año en que están disponibles los datos.

Esa realidad se transformó bien poco durante los ocho años de gobierno del primer presidente negro de la historia norteamericana, Barack Obama. Pero su relevo en la Casa Blanca, el magnate neoyorquino Donald Trump, parece dedicado a llevar la tensión social a un nuevo nivel.

Tras protagonizar una campaña electoral en la que apeló a las bases más conservadoras y atizó el odio en su país, Trump saltó a los titulares temprano en la Casa Blanca por su respaldo indirecto a una manifestación de supremacistas blancos en Charlottesville, Virginia.

Las dudas sobre las ideas racistas del presidente parecen haber sido despejadas hace unos días, cuando desató un escándalo internacional al asegurar en privado que Haití, El Salvador y otras naciones africanas eran “países de mierda”.

Varios jueces estadounidenses valoran ahora si la suspensión del programa que otorgaba garantías a más de 800 mil migrantes de esos países, conocido como DACA, estuvo motivada por las creencias personales discriminatorias del mandatario.

“Son tiempos duros cuando un presidente no parece entender que África es un continente y no un estado, y se refiere a países como Haití, Nigeria y El Salvador con las palabras que conocimos”, dijo a la prensa Martin Luther King III, hijo del luchador por los derechos civiles y también un activista de esa causa.

En un intento por despejar las críticas, Trump publicó un video en las redes sociales donde asegura que “el sueño de Martin Luther King es nuestro sueño. Es el sueño americano”.

Lamentablemente, Estados Unidos está más cerca hoy de una pesadilla que de la nación soñada por un pastor bautista hace 55 años: “Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.

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