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Roberto Suarez rsuarez@jornadaonline.com.ar Miercoles, 3 de Enero de 2018

Consejo

El actual gobierno argentino y el conjunto de las fuerzas políticas con representación parlamentaria vienen abocados a superar los aspectos principales de la herencia recibida.

Restauración de las instituciones democráticas, normalización de las relaciones económicas y financieras internacionales, recuperación de la inversión productiva y en infraestructuras imprescindibles para relanzar la economía nacional, reordenación y racionalización de la maraña de medidas asistenciales dirigidas a paliar la gravísima situación de pobreza y marginación social, reforma del sistema impositivo hacia una mayor equidad y progresividad, puesta en marcha de políticas activas y pasivas de empleo sobre presupuestos y objetivos realistas y, por supuesto, reducción de la inflación a cifras de un dígito.

Pero ya han pasado dos años largos de aquella pesada herencia y el “poncho no aparece”, como decía el trovador Argentino Luna.

El gobierno de Macri ha iniciado el tercer período de cuatro y al comienzo del nuevo año 2018 otra vez la inflación se convierte en amenaza. Las tarifas y su fuerte presencia en el último bimestre del 2017 y ahora por la suba del dólar aumenta el combustible, el precio del transporte de pasajeros y el de cargas y en consecuencia los formadores de precios aprovechan para remarcar, entonces las expectativas del 15 por ciento anual trastabilla. Otra vez la endémica inflación.

De su solución depende, en menor o mayor grado, la solución del resto de los problemas. En la Argentina la inflación, desde los años cincuenta, ha devenido en endemia. La puja entre quienes cuentan con rentas variables contra los que dependen de rentas fijas, el vicio de la anticipación a la inflación presunta en la remarcación de precios, la escasa competencia y el poder casi ilimitado de quienes ostentan una posición dominante en la formación de precios, la negociación salarial sobre inflación pasada que obstaculiza seriamente lograr reducciones del índice de precios, la apuesta por el dólar y la evasión de divisas como reaseguro frente a las inevitables devaluaciones, conduce a la economía argentina a cíclicos barrancos.

La lucha de todos contra todos en la puja distributiva por el ingreso se convierte en el motor inflacionario más eficaz, al tiempo que pocos resultan beneficiados y los más se ven forzados a padecer las consecuencias.

Hay que abordar el problema inflacionario incorporando las diversas variables en juego, a un proceso de negociación articulada entre todos los actores económicos, sociales y políticos. Negociación en que cabe casi todo, política impositiva, estabilidad presupuestaria, inversión pública y privada, políticas de competencia, sociales y de empleo, negociación colectiva, etc.

Por eso se hace cada vez más necesario en la Argentina algo que venimos señalando desde hace varios años: la necesidad de constituir un Consejo Económico y Social, para desplegar la participación de los actores sociales y económicos y fortalecer la sinergia, en el tratamiento de los problemas del desarrollo del país, entre las esferas privada y pública.

Se hace preciso diseñar con claridad el sendero futuro de la política económica argentina y fortalecer la confianza para que se afirme el convencimiento que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro argentino es nuestro propio país.

Es indispensable fortalecer los instrumentos de los cuales dispone la democracia para generar los consensos indispensables para resolver con éxito los desafíos de la actualidad. El país tiene el potencial y los recursos necesarios para consolidar su recuperación y transitar el camino del desarrollo económico con inclusión social.

La creación del Consejo Económico y Social contribuiría decisivamente a mejorar la calidad de las políticas públicas y a arbitrar los conflictos con mayor racionalidad.

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