Mendoza,

de
de

 

Roberto Suarez

Víctor Martínez

Tras 34 años de vivir en democracia en la Argentina nos apena ver la cantidad de hechos de corrupción que invaden al sistema que tanto costó alcanzar.

21/11/2017

Funcionarios demandados por la justicia por denuncias por administración fraudulenta, otros señalados por la sociedad por sus riquezas alcanzadas en el ejercicio del poder. Varios ya presos como el superministro De Vido, sus colaboradores Jaime, López, Schiavi, y varios personajes más, enriquecidos por la función pública, algunos de ellos además pésimos administradores, que le hacen un flaco favor al sistema al que se arribó en 1983 luego de soportar la negra y cruel noche de la dictadura.

Mucho peor es que esté detenido el ex vicepresidente de la república Amado Boudou. Un verdadero escándalo del que se ocupan permanentemente todos los medios y que seguramente dejarán la noticia ocurrida ayer como menor, como menos importante. Sin embargo debería ser de un tratamiento mucho mayor, porque murió Víctor Martínez, el vicepresidente fundador de este ciclo democrático junto al presidente Raúl Alfonsín.

Hoy debía cumplir 93 años el dirigente fallecido en Villa Allende, en su amada provincia de Córdoba.

Fue senador provincial en 1962 y llegó a la intendencia de la ciudad de Córdoba entre 1963 y 1966, en coincidencia con el arribo de Arturo Illia a la Casa Rosada.

Ambos mandatos fueron interrumpidos por el golpe militar de Juan Carlos Onganía, en junio de ese año.

También intentó gobernar Córdoba: fue en las elecciones de 1973. No llegó, perdió en el balotaje contra el peronista Ricardo Obregón Cano.

Pero Víctor Martínez, será recordado por haber acompañado a Raúl Alfonsín en la fórmula presidencial que derrotó al PJ en las elecciones de octubre de 1983, en el retorno de la democracia al país luego de siete años de dictadura militar.

Esos casi seis años, en los que presidió el Senado y acompañó a Alfonsín en su gestión desde la vicepresidencia, fueron el pico más alto de una extensa trayectoria dentro del radicalismo.

Su último cargo lo ocupo como embajador en Perú durante el breve gobierno de la Alianza.

Abogado de profesión y dedicado al derecho minero, viajó por el mundo dando conferencias relacionadas con su especialización. Pero su amor era la política, le dedicó gran parte de su vida y supo darle el paso a los jóvenes radicales cordobeses exponiendo su ejemplo de militancia y honradez a la hora de cumplir la función pública.

Regresó al llano con humildad, como un ciudadano más.

Le gustaba destacar la figura de otro gran argentino, Elpidio González, quien entre 1916 y 1930 fue diputado nacional, dos veces ministro y vicepresidente de la Nación. En 1930 fue puesto en prisión y confinado, por la dictadura de Uriburu, injuria que soportó en silencio y sin una sola queja. Cuando salió se dedicó a la venta callejera de anilinas y betunes. Era una persona conocida en los salones de lustrar de Buenos Aires, cuando llegaba trayendo el paquete de mercaderías. Sin embargo es un prócer casi desconocido para muchos.

Como Víctor Martínez, quien ayer nos dejó, pero que quedará en la memoria como un ejemplo para generaciones de argentinos. Demostró un excepcional desapego a los bienes materiales.

Las sociedades se construyen a través de estos ejemplos de vida como los de Víctor y Elpidio.

Los que se consiguen en base a conductas insobornables, trayectorias éticas y convicción de actitudes.

Sobre todo en momentos que en nuestro país una de las sensaciones que se manifiestan con mayor intensidad es la pérdida de referencias individuales.

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Roberto Suarez