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Roberto Suarez

Adiós al celibato

El celibato, como requisito para el sacerdocio, se está volviendo cada vez menos popular entre los católicos.

18/10/2017

Hoy en Mendoza se reaviva el tema ante la decisión de Michael Belmont de dejar de ser sacerdote para casarse. Hasta hace poco tenía a su cargo la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe así como la Capilla María Madre del Pueblo y el Centro Barrial “Hogar de Cristo” de Godoy Cruz.

Ante el pesar de sus fieles seguidores Belmont les envió una carta donde entre otras cosas afirma: “Primero deseo expresarles que mi corazón está lleno de agradecimiento a cada uno de ustedes y por todo lo vivido juntos. He sido muy feliz con ustedes y los llevaré siempre en mi corazón. He tomado la decisión de armar un proyecto de vida de familia, seguir juntos con ella a Jesús y, desde la familia seguir ayudando a los más pobres”.

El celibato consiste en la prohibición para el clero secular de casarse y no implica de ninguna forma la obligación de castidad. Contrario al pensamiento general, los sacerdotes católicos no profesan votos de celibato y de castidad, y si son célibes es porque la Iglesia les niega el sacramento del matrimonio. El celibato no tiene relación doctrinal con la Iglesia católica, y es considerado como una simple ley disciplinaria y no un artículo de fe.

En los inicios de la Edad Media (hasta el siglo XI) el matrimonio  se impuso entre el clero de más altura moral, los que no estaban dispuestos a relegar a sus mujeres a meras concubinas, los que no estaban dispuestos a convertir a sus hijos en bastardos. Con la llegada del medievo alto los papas “absolutistas” intervinieron decididamente en el asunto. Gregorio VII decidió que ningún sacerdote podía ser ordenado sin antes obligarse al celibato. Usó el poder secular activamente para echar a las esposas de los sacerdotes de sus casas. La Iglesia logró finalmente imponer el celibato, después de tantos siglos, en el Concilio de Trento. La razón principal para imponerlo había sido la consideración de que el matrimonio, la esposa y los hijos, impidieron la plena dedicación, en cuerpo y alma, del clero a la Iglesia.

Al menos 15 sacerdotes argentinos han pedido al Vaticano que ponga fin al celibato obligatorio, y que permita que sea cada sacerdote quien elija.

“Jesús no mencionó el celibato. De hecho, entre los apóstoles había solteros y casados. San Pedro tenía esposa”, ha explicado el padre Luis Farinello. “Yo me enamoré a los 30 años y sé que no es fácil cumplir con esa fidelidad que impone la Iglesia”.

En esa misma línea se expresa el obispo emérito Joaquín Píña, quien considera que “hay que aceptar que somos humanos y que podemos fallar al celibato, que no es un mandato divino sino una imposición de la Iglesia”.

Unos 100.000 curas católicos están casados, de los que unos 20.000 viven en EEUU, 10.000 en Italia y 6.000 en España.

Al menos un 25% de los más 400.000 sacerdotes católicos no acepta el celibato tal y como lo plantea el Vaticano, según datos de las asociaciones de sacerdotes casados.

Para quienes sostienen dentro de la Iglesia católica que la exigencia del celibato es un factor de alejamiento de la sociedad, los motivos de desconcierto están justificados. Pues si la grey católica partidaria de suprimir el celibato no ha logrado vencer la resistencia de la jerarquía, la disposición de ésta a ser más flexible para los venidos de fuera resulta desalentadora.

Es que hasta la fecha, la Iglesia católica permite que sacerdotes casados de otras denominaciones, como los anglicanos, que se conviertan al catolicismo sigan sirviendo como tales, pero no les da esa autorización a los católicos casados que quieran tomar los hábitos.

 

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