Mendoza,

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Roberto Suarez

Militante de la libertad

Roberto Vélez murió el lunes. Tenía 68 años y una historia de cinco décadas de lucha por los derechos humanos.

30/8/2017

Licenciado en Ciencias políticas, político de raza, intelectual, Roberto era un militante de la Democracia, la libertad y los Derechos Humanos. Hizo del diálogo un instrumento fundamental, y sin abdicar jamás de sus propias ideas, sabía escuchar, sabía ponerse en el lugar del otro.

Le gustaba decir que la vocación política y social era hereditaria. Su padre, también Roberto, fue uno de los más notables dirigentes sindicales que tuvo nuestra provincia.

Un dirigente de base, un líder obrero autentico, nada que ver con lo que hemos visto en ese sector en las últimas décadas. Militó en el partido comunista junto a grandes personajes de la historia de Mendoza, como Benito Marianetti, Ángel Bustelo y Juan Palavecino, entre otros que formaron al joven que tomó la posta para ser uno de los más ejemplares dirigentes progresistas que conocí.

Si, Roberto Vélez fue un verdadero e integro hombre de izquierda. No de estos progresistas que aparecieron en los últimos años cuando los leones ya estaban en el zoológico. Roberto lucho cuando las balas silbaban en las patas. Y lo hizo en la época de la Triple A peronista, en la dictadura militar, donde sufrió la cárcel y la tortura, y continuó hasta ahora, persiguiendo y denunciando hasta el último torturador o cómplice de los años negros de la Argentina que anduviera suelto por Mendoza.

Odiado por los genocidas y sus cómplices, respetado por muchos y querido por tantos amigos y seguidores que cosechó en su vida, fue actor fundamental de una etapa difícil y riesgosa de la vida política argentina, en esos tiempos, siempre estuvo en primera línea, al lado de los que luchaban y de los que sufrían.

No hubo lucha social que no apoyara, no se fijaba qué organización estaba atrás o quien podía tratar de capitalizarlo, simplemente allí estaba.

Pero en lo que se destacó Roberto Vélez fue en su conducta, en su honradez, y fundamentalmente en su madera humana. Quienes tuvimos el honor de conocerlo y ser su amigo lo sabemos con creces. Un verdadero amigo.

El lunes anterior a las elecciones PASO, me llamó para contarme que el cáncer le había avanzado y que se sentía muy mal, pero nunca pensé que 20 días después se lo llevaba de la vida terrenal. En esa charla quedamos en juntarnos para hablar de ello y otros temas pendientes. Veníamos los dos este año de sufrir la pérdida de un gran amigo de la vida, Elio Viola, con quien frecuentemente nos juntábamos en grandes tertulias.

Y aquí estamos, un día después ante la computadora con las teclas húmedas por las lágrimas despidiendo a otro amigo entrañable.

Pierde Mendoza a un hombre notable que podía brindar mucho todavía.

Pasarán los años de esta memoria testimonial de quienes fuimos sus contemporáneos y junto a otros pocos actores fundamentales de la resistencia a la dictadura más sangrienta de nuestro país, quedará en la historia como un ícono de la refundación democrática y como uno de los abanderados de la lucha por la libertad y la justicia social en nuestro país.

 

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