Mendoza,

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Roberto Suarez

Controlados

Se denomina PRISM en honor a la fibra óptica. Es un gigantesco programa de espionaje de las comunicaciones de Estados Unidos utilizado por la Agencia de Seguridad Nacional.

13/6/2017

Esto se pudo conocer gracias a las revelaciones sobre el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU, hechas por el ex empleado de la CIA Edward Snowden, y que al conocerse produjeron un “shock” para la comunidad internacional. El autor de las filtraciones sobre la vigilancia de Washington contra su propio pueblo fue tachado de “traidor” en Estados Unidos.

Es que la revelación de Snowden permitió conocer que los grandes de internet como Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, YouTube, Skype o Apple han proporcionado datos sobre correos electrónicos, chats, videos, fotos, llamadas a través de internet, archivos compartidos, videoconferencias, posiciones de GPS o de actividad en las redes sociales. No sólo han sido espiados los norteamericanos, sino ciudadanos de todo el mundo por la concentración de redes y servidores en estas empresas.

Los ciudadanos del mundo somos datos, cada día más. Nuestra huella digital es el botín buscado por la publicidad y el marketing para financiar la economía de la abundancia digital. Pero los gobiernos, los servicios secretos y cientos de espías digitales saben cada vez más sobre nosotros.

Es también la paradoja del control 2.0: las mismas tecnologías y herramientas utilizadas por personas de todo el mundo para luchar contra la opresión, la injusticia o defender sus intereses son controladas por un puñado de empresas fáciles de coaccionar y vigilar.

Hay otras contradicciones. La sociedad de la abundancia es una civilización del hiperconsumo donde unos pocos controlan a muchos con la aparente felicidad de una interacción mediatizada por quienes controlan el sistema. ¿Quebrará la confianza de los consumidores 2.0 o la embriaguez de la abundancia acabará con los viejos ideales de libertad individual?

Además no podemos fiarnos de las redes sociales. Su poder para la falsedad y el rumor es mayor que su capacidad de contrastar hechos y datos. La sociedad del conocimiento es más bien una sociedad del rumor y el prejuicio. El aumento de los robos de identidad, la usurpación de perfiles de grandes medios en las redes sociales y el frenesí de una apresurada vida en tiempo real son los peligros del exceso de inocencia digital. Mucho peor las falsas informaciones sobre muertes de personajes famosos y otros no tanto.

Politólogos, físicos y matemáticos estudian hace tiempo el uso de la política en las redes para difundir rumores. El lado oscuro de las redes sociales es una turbina de rumores aún más potente que su capacidad de información y contraste. Une la solidez del texto de la era Gutenberg con la fascinación de la imagen y la velocidad de las redes.

Una sociedad democrática e inteligente necesita ciudadanos críticos y fuentes creíbles para filtrar la turbina del rumor y convertirla en una máquina de conocimiento.

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