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Roberto Suarez

China muy cerca

En su columna de opinión, Roberto Suarez analiza los resultados de la visita del presidente Mauricio Macri a China, país que después de 2000 años renueva la mítica Ruta de la Seda.

22/5/2017

El primer Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional, en el que participó activamente el presidente argentino Mauricio Macri junto a otros 29 líderes mundiales, que concluyó en las afueras de Beijing con la firma de múltiples acuerdos con 68 países y organizaciones como el FMI y la ONU y 270 proyectos ya elaborados para activar la traza económica global, es muy positivo para nuestro país, porque entre esos proyectos, en el documento final se especifica la firma de un memorando para un plan estratégico de acción en cooperación de agricultura entre China y Argentina.

Además, sostiene que la iniciativa OBOR -por sus siglas en inglés ‘One Belt, one Road‘- que renueva las antiguas rutas de la seda, tanto por mar como por tierra, también está abierta a otras regiones como América del Sur, algo que quedó plasmado en la reunión de  entre los líderes mundiales, en la que Macri se sentó al lado del presidente chino.

Fue muy positiva y fundamental la visita del mandatario argentino al coloso asiático, porque se llevó de la ciudad imperial lo que fue a buscar: algo más que sólo promesas.

Macri firmó una serie de acuerdos con su par chino, Xi Jinping, por proyectos que contemplan una inversión de por lo menos 15.000 millones de dólares. Pero el dato más relevante son los plazos, la gran mayoría estará en marcha antes de que finalice el primer semestre de 2018.

Han pasado más de dos mil años desde que una compleja red de rutas comerciales, organizadas a partir del negocio de la seda china, inauguró las primeras relaciones comerciales entre Asia y Europa. Sin embargo, la antigua Ruta de la Seda se ha convertido en la gran apuesta de Pekín, que ha relanzado el proyecto para conseguir cambiar el orden económico mundial, desplazando a EEUU como potencia hegemónica.

Desde el punto de vista del desarrollo económico, es el proyecto más importante desde la Revolución Industrial, porque incluye a todos los continentes.

Así, China, una de las grandes beneficiadas de la globalización, comienza a proyectarse con fuerza al exterior. Por un lado, Pekín quiere estimular el crecimiento en las regiones menos desarrolladas del país y, por otro lado, encontrar más mercados para lidiar con su exceso de capacidad, tal y como sucede con su red interna de ferrocarriles de alta velocidad, que ya es la más desarrollada del mundo.

Además, la iniciativa ha recibido muchos apoyos en los últimos tiempos, especialmente tras los temores al aislacionismo que el mundo atraviesa desde la victoria del Brexit en las urnas y la llegada al poder de Donald Trump en EEUU. Por ello, el proyecto es de vital importancia geopolítica para Pekín: China, aunque no lo diga, aspira a ser la potencia hegemónica mundial que sustituya a EEUU. Además, a diferencia de EEUU, China tiene un pensamiento a largo plazo y su ascenso está cambiado el panorama financiero del planeta.

La demanda china de commodities ha afianzado la posición de América Latina como proveedor de materias primas. No es ninguna sorpresa que el dinero chino sea bienvenido en lugares donde los mercados financieros actúan con cautela.

China está invirtiendo significativas cantidades de dinero en Latinoamérica y aumentando sus actividades comerciales en la región, compitiendo así con EEUU por el liderazgo mercantil, que podría obtener para el 2030, según algunos expertos.

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