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Roberto Suarez

Obra pública y crecimiento

A lo largo de la historia, los gobiernos han recurrido a los proyectos de obras públicas para mejorar la calidad de vida. Por lo general, las ideas detrás de la mejora de las estructuras de una sociedad es que estas beneficiarán al público.

3/5/2017

La arquitectura romana no tuvo el mismo brillo que la griega, en cierto sentido imitó y reprodujo palacios y templos que le llamaban la atención de los helenos. Sin embargo, el sentido práctico de los romanos los condujo a utilizar la arquitectura para bien del gran territorio que dominaba su Imperio. De esta forma se crearon las “obras públicas”, que servían al pueblo, utilizando el cemento como principal material de construcción.

En el siglo pasado en EEUU para enfrentar la crisis de los años treinta, Franklin Delano Roosevelt, comenzó implantando durante su presidencia (1933-1936) una serie de medidas novedosas y en apariencia opuestas a las soluciones de la economía clásica. Éstas constituyeron una intervención estatal directa tendiente a reactivar la economía y solucionar el problema de la desocupación, que amenazaba la estabilidad de todo el sistema social. En primer lugar implementó subsidios a los desocupados e impuso una fuerte política de obras públicas. Llevó adelante la idea de Keynes de que en situaciones en las que el mercado se demoraba en dar respuestas respecto al empleo, debía ser el Estado quien debía intervenir para generarlo. Es bien conocida su frase “aunque sea tomando gente para hacer pozos de día y otros para taparlos de noche” como una manera de empezar a hacer girar la rueda.

Las obras de infraestructura son factor indispensable para el crecimiento de la economía en su conjunto, para superar la pobreza y la marginación e incrementar la competitividad. Facilitan el traslado de las personas, los bienes, las mercancías y permiten que los servicios de educación, salud, seguridad pública fundamentalmente, lleguen a la población con calidad y oportunidad. La infraestructura es, sin lugar a dudas, factor determinante para elevar la calidad de vida y promover el crecimiento económico.

Una de las razones por las que un gobierno puede soportar una gran cantidad de proyectos de obras públicas es crear mayores oportunidades de empleo.

Hoy vemos con agrado cómo en nuestro país el Gobierno decidió destinar para la obra pública en este 2017 un monto mayor que el asignado en 2016. En efecto, según surge del presupuesto nacional, para este año toda la obra pública financiada por el Estado demandará una cifra de $ 185.080,50 millones, un incremento de 32,1% respecto del ejercicio anterior.

Un análisis de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), consigna que el monto destinado este año a la obra pública representa 2,21% del producto bruto interno (PBI).

Ya se ven obras en varios municipios del país y se espera que no demoren las grandes obras anunciadas en distintas provincias, porque sin duda alguna va a ayudar al crecimiento y a salir del estancamiento.

Los resultados de generar nueva y eficiente infraestructura son siempre cambios sustanciales en la calidad de vida y el crecimiento de la economía; vuelven más habitables las ciudades y sobre todo, mejoran la calidad de vida de sus habitantes, además se incentivará el número de inversiones productivas, que generarán un importante número de empleos y se fortalecerá la capacidad de consumo del mercado interno.

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