Mendoza,

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Roberto Suarez

Lisístratas

El 8 de marzo, es una fecha tradicional que celebran los grupos femeninos en todo el mundo. Ese día, como hoy, se conmemora también en las Naciones Unidas y es fiesta nacional en muchos países.

8/3/2017

Cuando las mujeres de todos los continentes, a menudo separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen para celebrar su día, pueden contemplar una tradición de varios años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo.

La historia más extendida sobre la conmemoración del 8 de marzo hace referencia a los hechos que sucedieron en esa fecha del año 1908, donde murieron calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en un incendio provocado por las bombas que les lanzaron ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían. 

También se reconoce como antecedente a las manifestaciones protagonizadas por obreras textiles el 8 de marzo de 1957, también en Nueva York.

Fue finalmente en 1910, durante un Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, que la alemana Clara Zetkin, propuso que se estableciera el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en homenaje a aquellas que llevaron adelante las primeras acciones de mujeres trabajadoras organizadas contra la explotación capitalista.

Siete años más tarde, cuando se conmemoraba este día en Rusia -febrero de 1917, para el calendario ortodoxo-, las obreras textiles tomaron las calles reclamando “Pan, paz y libertad”, marcando así el inicio de la más grande revolución del siglo XX, que desembocara en la toma del poder por la clase obrera, en el mes de octubre del mismo año.

Lentamente, y a medida que el feminismo ha ido cobrando fuerza en todo el mundo, el Día de la Mujer ha ido perdiendo su carácter obrero, pasando a ser una jornada de lucha en la que se reclaman los derechos de todas las mujeres en todos los ámbitos.

El Día Internacional de la Mujer es un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de mujeres de a pie que han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades.

Estos últimos años, el Día Internacional de la Mujer se centró en poner fin a la violencia contra las mujeres, una flagrante violación de los derechos humanos que afecta a siete de ellas. Entender las razones últimas que están detrás de la violencia de género supone profundizar en las relaciones entre mujeres y hombres y en el contexto en que tales relaciones se producen. Ese contexto está cargado de historia, de cultura, y por tanto, de valores, ideas, creencias, símbolos y conceptos que pueden explicar por qué en ocasiones la violencia incluso se ha “naturalizado”.

Este año es distinto. Se está llevando a cabo el paro mundial de mujeres convocado en países de todo el mundo, aunque con especial repercusión en Latinoamérica, donde el movimiento Ni Una Menos, nacido en el verano de 2015 como respuesta a la sucesión de feminicidios que padece la Argentina, donde una mujer es asesinada cada 30 horas, ha promovido esta inédita huelga.

En Internet con el hashtag #8M se encuentra de todo, incluso alternativas para que los hombres se sumen al paro de las mujeres. Hay un listado con opciones: si es padre, que se encargue de sus hijos; en las empresas, que se ofrezcan a cubrir a la compañera, y si son jefes, que permitan que esta paralización se realice.

Este paro trae el recuerdo de Lisístrata (comedia de Aristófanes. Llevada al cine y hace poco estrenada en el Teatro Andamio de Buenos Aires), aquella mujer ateniense que idea un plan para obtener la paz de Grecia. Para llevarlo a cabo, reúne a todas las mujeres griegas y propone declarar una huelga sexual. A pesar de cierta resistencia inicial todas terminan por aceptar la estratagema y juran acatar las órdenes de Lisístrata.

Hoy, vemos muy bien que 2.500 años después las Lisístratas del mundo convocan a un paro contra las violencias machistas, la discriminación de género en el mercado de trabajo, la sobreexplotación de las mujeres en el ámbito reproductivo y del cuidado. Un paro a favor de los derechos sexuales y reproductivos, y por todos los derechos humanos para todas.

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