Mendoza,

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Roberto Suarez

20 de Enero

La llegada del multimillonario Donald Trump a la Casa Blanca este verano generará un año intenso, tormentoso y complejo en el escenario internacional.

4/1/2017

Está confirmado que Hillary Clinton ganó el voto electoral el 8 de noviembre del año pasado en las elecciones de los Estados Unidos.

Sin embargo, el 20 de enero Donald Trump será el nuevo presidente de Estados Unidos gracias a su considerable mayoría del colegio electoral. Hasta la misma noche de las elecciones confiaban los demócratas en la victoria, aunque fuera por una pequeña minoría, y el mismo Trump no ocultó su sorpresa. Ha sucedido lo impensable. Es la quinta vez en la historia de EEUU que esto sucede: la última fue en 2000, cuando Al Gore superó a George W. Bush en voto popular. Por esta razón el sistema de elección indirecta del presidente, por los 538 miembros del colegio electoral, ha sido muy criticado. Los padres de la Constitución idearon el sistema del colegio electoral para evitar el “tumulto” demagógico, la influencia de intereses extranjeros o locales y el equilibrio entre los estados del norte y del sur.

Y hoy el mundo mira expectante la llegada del viernes 20 de enero.

Hay ansiedad por el resultado de la enormidad que supone un presidente que carece de experiencia política de ninguna clase y cuya campaña se caracterizó por una mendacidad sin precedentes, que los medios de comunicación no lograron denunciar, y por unas propuestas xenófobas, nacionalistas, proteccionistas y reaccionarias, en el interior, y abiertamente contrarias a todo lo que en el orden exterior ha logrado EEUU desde la posguerra: las alianzas políticas y militares en el mundo entero, controlar el peligro nuclear, la liberalización comercial, la protección del medio ambiente, los derechos humanos y, en general, el respeto y fortalecimiento del Derecho Internacional.

Con la llegada al poder de Donald Trump el 20 de enero, los republicanos controlarán la Casa Blanca y el Congreso por primera vez desde el 2007, y ya estaban haciendo planes para activar su agenda de rebaja de impuestos, derogar el "Obamacare (nombre no oficial de la Ley para la Protección de Pacientes y Cuidados de la Salud Asequibles), y desmantelar una serie de regulaciones financieras y ambientales.

En el plano internacional, con Trump se plantea una nueva relación entre Washington y Moscú –descontando el último impasse con Obama– dado el cruce de halagos entre Putin y la entrante administración del magnate, que ha dado inquietantes señales de que le gusta gobernar por Twitter. En ese rediseño de la política exterior, habría que ver hasta dónde llega Trump en su apoyo al gobierno muy de derecha de Benjamín Netanyahu, en Israel, y en particular si termina mudando la embajada a Jerusalén, una línea roja que podría terminar de inflamar la región, en la medida en que los palestinos también quieren que la Ciudad Santa sea la capital de su Estado.

Trump llega a la Casa Blanca en un momento en que la región de América Latina reinterpreta sus democracias. Pero ayer volvió a golpear duro a México: la gigante automotriz Ford anunció que decidió cancelar un plan por 1.600 millones de dólares para construir una nueva planta en México, y en cambio impulsar la producción de vehículos eléctricos en Estados Unidos.

Esto pasó luego de que la competidora General Motors fue objeto ayer de las críticas de Trump, quien amenazó a la transnacional con fuertes impuestos a la importación de sus vehículos producidos en el extranjero, especialmente en México, por medio de un mensaje en Twitter.

Esto motivó que el dólar se disparara en México logrando niveles históricos de devaluación de su moneda.

Estas noticias frescas vuelven  a crear la incertidumbre de qué pasará en el mundo en este flamante 2017 intenso y complejo, en el que la blonda cabellera de Trump estará muy a menudo en la primera plana.

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