Mendoza,

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Roberto Suarez

Balance

Ha pasado un año de los mandatos de Macri en la Nación y Cornejo en la provincia, lo que permite hacer un balance sobre sus gestiones. A Macri no le ha ido muy bien, entre un 37% y un 43% de la población considera que la situación general del país es negativa, mientras que entre un 18 y 25% la ve positiva.

Muchos ciudadanos opinan que el presidente no está cumpliendo sus promesas de campaña.

En el arranque se tomaron medidas acertadas, algunas muy duras pero aceptadas por la gran mayoría: arreglo del problema de la deuda externa, salida del cepo, mantenimiento de planes sociales, y apoyo a los jubilados con la reparación histórica.

Pero el aumento desmesurado de tarifas de servicios públicos marcó un punto de inflexión en la luna de miel que existía entre Macri y sus votantes.

Los pronósticos desacertados sobre la prometida y aún esperada reactivación económica llegaron a transformarse en la comidilla de la oposición, mientras el tan mentado “segundo semestre” languideció tristemente.

De todas formas la gente tiene la esperanza de que el 2017 será más próspero para el gobierno nacional.

En Mendoza a Alfredo Cornejo le fue mejor que al presidente. Desde que vislumbró que podía ocupar el sillón de San Martín planteó que la herencia sería terrible. Cuando asumió actuó directamente sobre el duro problema financiero que padecía la provincia y dedicó con enorme energía varios meses a mejorar la situación. Así se paró también ante los otros temas que había que resolver o mejorar. La relación con la Nación, con los gremios estatales, con las fuerzas de seguridad, con la justicia. Lo hizo con firmeza y lealtad. Hablando de frente, explicando las cosas por su nombre. Esto cayó bien en vastos sectores de la comunidad y mal en aquellos que se sintieron afectados por las decisiones y las medidas.

Cornejo demostró ser más político que los funcionarios nacionales. Se apoyó en su experiencia, que en caso de crisis es fundamental. Se preparó para esto. Recorrió todo el espinel. Se formó, como los grandes jugadores de fútbol, en la irregular geografía del potrero. De  ahí lo conozco. Afiliándose a los 18 años al radicalismo siguiendo las ideas de Raúl Alfonsín, militando en la juventud sancarlina, para luego hacerlo en las luchas estudiantiles. Perdió y ganó internas y elecciones generales. Fue concejal, legislador provincial y nacional, ministro en dos carteras, intendente de Godoy Cruz en dos períodos, y ahora gobernador.

Por cierto, controvertido y polémico. Supo aglutinar al radicalismo para armar la estructura que le permitió llegar a la Casa de Gobierno, lo hizo buscando nuevas amistades y dejando en el camino a algunos. Con mucho pragmatismo lleva adelante una gestión que monitorea directamente área por área. A veces con exageración, lo que le ha provocado críticas.

Cornejo termina un año de sinceramiento y ordenamiento del Estado provincial, lo hace bajo la reputación de un político y un gobernante capaz de sacar cosas importantes adelante, aunque sus políticas polaricen a la opinión pública.

Aún le quedan tres años de gobierno por delante y están pendientes muchas batallas que librar, que pasan por el crecimiento de la economía regional, la controvertida minería, las grandes obras públicas, los proyectos energéticos y el logro de inversiones para turismo.

Pragmatismo y constancia son el escudo y la espada utilizadas por Cornejo hasta el momento, para conseguir sus objetivos con éxito.

Es previsible que los siga usando en el futuro, para seguir ganando voluntades y coronar su mandato con prestigio.

Como decía Nicolás Maquiavelo: “El que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo”.

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