Mendoza,

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Roberto Suarez

Fidel

El 25 de noviembre del 2016 se murió Fidel Castro. Y esta vez fue cierto.

Porque antes en su noventa años de vida, Castro entró al Libro de los Records Guinnes porque lo intentaron asesinar en 638 ocasiones. Empresa en la que coordinaron esfuerzos, según se informa en Cuba y en algunos países europeos, la Casa Blanca, la mafia, la CIA y los exiliados de Miami.

Además entró en la modernidad de los últimos años: el servicio de microblogging y las redes sociales también lo mataron en varias ocasiones.

Lo cierto es que Fidel castro se murió cuando tenia que morirse. Sin ningún misterio.

Ya antes había dejado el poder en manos de su hermano Raúl, en una transición política y económica de Cuba ordenada y planificada hacia una etapa de nuevas decisiones y nuevas formas de actuar. Fidel dijo  en aquel entonces, en el mensaje dirigido a su pueblo: “No me despido de ustedes. Deseo sólo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo mis reflexiones. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso”…

Cuba es uno de los últimos estados socialistas, el último dentro del mundo occidental, que tuvieron su apogeo durante el siglo XX. Por ello, y por su intensa historia, este pequeño país desata grandes pasiones, interminables discusiones y fuertes posicionamientos ideológicos a favor y en contra. Mi intención con este texto es escapar tanto de la crítica dogmática de una parte de la izquierda detractora del socialismo de Estado, como del chovinismo ideológico del que hacen gala muchos defensores del sistema cubano a la hora de acercarse al tema. Se la apoye o se la critique o incluso se la apoye criticándola, Cuba es por encima de todo un pueblo que ha pasado tiempos muy difíciles y que los sigue pasando en la actualidad. Situado en un contexto de países dependientes y repletos de miseria, Cuba mantiene dignidad en su lucha contra el bloqueo y en el mantenimiento de ciertas ventajas sociales inimaginables en cualquier otro país del Caribe.

El bloqueo que Estados Unidos mantiene sobre Cuba y que la isla considera “genocida” y culpable de una pérdida económica de 86 mil millones de dólares, lleva 54 años.

El bloqueo, remanente impensado para el nuevo siglo de la llamada “Guerra fría”, se inició el 3 de febrero de 1962 con una proclama del presidente John Kennedy, quien puso en palabras el enfrentamiento ideológico con la revolución que triunfó en 1959.

El bloqueo, que Washington llama embargo, fue profundizado en varias ocasiones, primero en 1992, a través de la Ley Torricelli, que atacó las llamadas “triangulaciones” de productos mediante terceros países fomentadas por Cuba.

Cuatro años después, otra ley, la llamada Helms-Burton, dispuso sancionar a las empresas que invirtieran en la mayor de las Antillas.

En la actualidad, el embargo recoge cuestionamientos no sólo de las autoridades cubanas, sino de varios legisladores estadounidenses, y mandatarios europeos, que consideran evidente que no sirvió para erosionar el poder del gobierno revolucionario de Castro.

Los acuerdos del mandatario saliente de Estado Unidos Barack Obama con Raúl Castro a instancia del Papa Francisco, lograron una distensión y la apertura de varios convenios políticos y económicos, aunque lejos de levantar el bloqueo y ahora bajo la amenaza de perderse todo lo logrado ante la asunción de Donald Trump como nuevo conductor del país del norte.  La economía cubana actual no puede definirse como “socialista” en el sentido marxista de la palabra, esto se queda más bien en la retórica del sistema. Cuba sin embargo si conserva políticas de corte social, poco comunes en el mundo subdesarrollado, dignos de conservarse además de una independencia política forjada a través de siglos de lucha antiimperialista, y esto sí que no es simple retórica. En este sentido hay conquistas en Cuba que merecen ser conservadas, sin embargo la única forma de que soporten los cambios por venir es que la gente se sienta partícipe del sistema en un mayor grado de lo que lo es en la actualidad.

Cuba, hoy como ayer, no es un paraíso ni es un infierno. Muchos deberían aprender de una buena vez a no considerar de manera esquemática al que fue, y sigue siendo, uno de los más originales y justicieros procesos políticos y sociales del siglo XX. Por supuesto que es reprochable que en Cuba no existan el pluralismo ni la libertad de expresión como nosotros los entendemos, pero al mismo tiempo hay que afirmar una vez más que Cuba sigue siendo la sociedad latinoamericana en la que el contraste social es menos ofensivo para la dignidad humana.

Fidel Castro fue un gran intérprete de la historia en dos siglos. Y está recibiendo el cariño de millones de cubanos que se acercaron a las distintas ceremonias programadas para despedirlo en La Habana, pero hoy las cenizas de Fidel emprenden viaje desde la capital hasta Santiago de Cuba. La caravana fúnebre recorrerá los más de 1.000 kilómetros que separan ambas ciudades en apenas cuatro días, haciendo paradas en varias poblaciones, para que el pueblo le dé su adiós y le exprese su enorme cariño.

Fidel fue un líder que respondió a un momento histórico del continente.

El debate sobre si Fidel será absuelto por la historia es irrelevante. Desde lo positivo y desde lo negativo su fuerza histórica ya trascendió.

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