Mendoza,

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Los Hombres de San Martin

La Bandera de los Andes de las Patricias Mendocinas

Los Hombres de San Martín son un genérico, porque hubo muchas mujeres que colaboraron con el Ejército de los Andes. Fueron las Patricias Mendocinas, las que confeccionaron la bandera que recorrería América. Lo cuenta Jorge Sosa.

23/1/2017

Por Jorge Sosa – Los Hombres de San Martín

La Bandera de los Andes fue impulsada en la noche de Navidad de 1816. En esa cena el Libertador les propuso a las mujeres presentes confeccionar una bandera antes del 5 de enero, la noche de Reyes. San Martín explicó detalladamente cómo debía ser la insignia.

A la mañana siguiente las señoras presentes en esa reunión recorrieron la ciudad en busca de la tela. Cuando la decepción las ganaba un tendero de la calle del Cariño Botao (actual General Paz) las entusiasmó para que entraran en su tienda.

Lo hicieron para comprar alguito y dejar conforme al insistente comerciante. La sorpresa fue mayúscula cuando descubrieron el paño celeste que buscaban. No era seda, como se lo habían propuesto, era sarga común, pero celeste intenso como les había pedido el General. Entonces se dieron a la tarea coser y bordar.

Las patricias del encargo eran Dolores Prat de Hiusi, Manuela Corvalán, Narcisa Santander, Mercedes Álvarez, Laureana Ferrari y Remedios Escalada de San Martín. A la bandera fueron a parar las lentejuelas de oro de varios abanicos de Laurena y una roseta de diamante, para adornar el óvalo y el sol, también perlas de un collar de Remedios.

Según el testimonio epistolar de Laureana Ferrari, no descansaron para poder terminar. Pero lo lograron. El 5 de enero de 1817 se ungió como patrona del ejército a la Virgen del Carmen y la bandera fue bendecida en la Iglesia matriz de Mendoza.

San Martín habló a sus soldados: “Soldados: esta es la primera bandera independiente que se ha alzado en América”. La agitó tres veces en medio de los gritos, los vivas, los aplausos y las campanas que tocaban a alegría. En los escritos del General Espejo se afirma que intervinieron en la confección tres monjas del Monasterio de la Buena Enseñanza, las reverendas madres María de las Nieves Godoy, Andrea de los Dolores Espínola y María del Carmen del Niño Dios y Correas.

La bandera del Ejército de los Andes se muestra en el memorial que comenzó a construirse durante el gobierno de Celso Jaque y fue terminado por el de Francisco Pérez. Con unción debe verse, con mucho respeto, porque por ella murieron muchos mendocinos de entonces para alcanzar la libertad de cinco países.

Disidencias

Algunos investigadores dan como fecha de iniciación en la confección de la bandera el mes de agosto de 1816 y no la noche de Navidad de ese año. Argumentan que no pudo realizarse la tarea en tan poco tiempo, cuatro días y cuatro noches.

El monasterio de la Buena Enseñanza se transformó con el tiempo en el Colegio de la Compañía de María, hoy en San Martín y Gutenberg de nuestra ciudad.

Existe una carta de Laureana Ferrari a quien fue su esposo, el Coronel Manuel Olazábal, recordando la propuesta de San Martín y los quehaceres que desarrollaron las damas para cumplir con ella.

El título de dama le quedaba grande a varias de las mujeres que intervinieron en la confección de la bandera. Eran más bien niñas de entre 13 y 16 años, Laureana tenía 13 años, Mercedes Álvarez tenía 16. Las señoras eran Remedios y Dolores Prat de Huisi, patriota chilena refugiada en Mendoza después del desastre de Rancagua.

Arrepentimiento

Ya había llegado a la ciudad la noticia del triunfo de Chacabuco. La gente vivía la felicidad propia de los grandes pueblos cuando se saben posibles, cuando luchan y ganan la fortuna de mandarse solos. Sin embargo, muchos padres y muchas esposas soportaban la angustia de no saber nada de los suyos. Mendoza era otra ciudad, se mezclaban la alegría y la incertidumbre.

Laureana y Remedios paseaban por la Alameda. Remedios comentaba a Laureana las noticias que le había hecho llegar su esposo desde el frente de la guerra. Ella también temía, pero en su rostro, como una bandera, flameaba su sonrisa.

Por la calle del Cariño Botao pasaron por la tienda de aquel hombre que les había vendido la sarga celeste. Entraron. El comerciante las recibió de buen agrado.

–Seguramente encontrarán aquí lo que andan buscando.

–No vinimos a comprar. Vinimos a agradecerle.

El hombre puso cara de no entender.

–¿Recuerda el trozo de sarga celeste que nos vendió unos días atrás?

–Claro que lo recuerdo, señora. Parecían ustedes muy satisfechas con la tela.

–Satisfechas y aliviadas. El General San Martín nos había encargado la bandera del ejército y no podíamos encontrar un paño celeste. Usted nos salvó.

Quedó tieso el hombre con lo que terminaba de escuchar.

–¿Usted quiere decir que esa tela…la tela que yo les vendí… esa tela…sirvió para hacer la bandera?

–Así es mi amigo, ese trozo de tela que usted nos facilitó se habrá paseado orgulloso por el campo de Chacabuco, dentro de una bandera triunfante. Estará ahora en Santiago dando noticias de la libertad. Le reiteramos nuestro agradecimiento.

Se fueron. El comerciante quedó unos minutos tieso mirando la puerta. Después pegó un tremendo golpe con su puño sobre el mostrador de madera. Se dijo con enojo:

–¡Y pensar que yo se lo cobré!

La mañana de Mendoza sonreía, no solamente en Mendoza, también en Chile, estaba empezando a ser celeste y blanco el sur de América.

 

Las peladas de la corrupción

No fueron solo las patricias las que cosieron, también lo hicieron “las peladas de la corrupción” o “Las peladas corruptas”. Eran mujeres recluidas en los centros penitenciarios y sanitarios de la época. Se las conocía por ese apodo, debido a las prácticas éticas y de higiene que mandaban pelar a las mujeres recluidas. Ellas confeccionaron uniformes, capotes, orillaron mantas, talegas, alforjas y otros enseres. Ellas también fueron parte de esta historia, de ellas también un trozo de la gloria.

Canción

Nuestras Mujeres

No somos soldados, somos

las mujeres mendocinas

no llevamos uniformes

ni sables, ni carabinas,

llevamos un corazón

que por la patria palpita.

 

Por eso nos corresponde

Ser llamadas las patricias

No sabemos de batallas

De guerras y de guerrillas

Pero sabemos de amor

Por quienes son nuestras vidas

En nuestro campo de honor

Se lucha todos los días.

 

les dimos los hombres,

les dimos los padres,

les dimos los hijos,

les dimos la sangre.

Y también les dimos

Flores de coraje

Y un poco de altura

Para andar los Andes.

 

Nosotras somos las damas

Que a la bandera bordaron

San Martín hizo el pedido

Y cumplimos el encargo

 Con hilitos desteñidos

Con manos de guijarros

Fuimos cosiendo una estrella

De color celeste y blanco.

 

Somos las pobres sin pelo

Por corrupción encerradas

En nuestras celdas sin soles

La aguja fue nuestra espada

Pensando en la libertad

Pasamos las noches mansas

Con madejas de algodón

Y Dios en cada puntada

 

CUENTO Y POESÍA

La historia de este colectivo de mujeres trabajadoras y revolucionarias que tuvieron a su cargo la confección de todos los pertrechos textiles del ejército, lleva ya 200 años oculta.

Aun hoy en los colegios públicos mendocinos se sigue hablando de las Patricias Mendocinas, como de las únicas vestidoras del Ejército de los Andes –únicas también propietarias del patrimonio cultural cuyano–, sin contar la hermosa participación de este colectivo de mujeres revolucionarias, encomendadas por la Gobernación General de Mendoza –a través de su gobernador general: Don José de San Martín –el Gran José–, para dichos trabajos y menesteres, quienes tuvieron a su cargo: una parte importante de la tarea.

¡Lean los cartas de José, señores!

De este modo y divididas en grupos, estas mujeres santas, chinas huarpes y negras de las Sociedades Congoles, eran encomendadas a los patios traseros de las familias criollas, cuyas señoras tenían a su cargo la organización del trabajo.

La historia de este colectivo de mujeres revolucionarias constituye uno de los episodios de mayor y más persistente ocultamiento a lo largo de nuestra historia. También resulta curiosa la larga cadena de complicidad y silencio que aun hoy se ha tejido y se sigue tejiendo en torno a esta bellísima historia.

Reasignar los roles, decir la historia, permitir que la historia sea dicha… aclarada… ¡esa es la manera de curarla, esa es la manera de celebrarla!

¡Entre todos y con todos!

Señores de la cultura: ¡no se puede cantinfliar con este tema!

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