Mendoza,

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Los Hombres de San Martin

Pedro Vargas, cuando las apariencias engañan

La guerra de zapa instaurada por el Gran General para minar las fuerzas españolas, para engañarlas, requería de hombres que hicieran ese sacrificio por la Patria. Uno fue Pedro Vargas, un Hombre de San Martín.

18/1/2017

Por Jorge Sosa – Los Hombres de San Martín

Hoy la llamaríamos guerra de inteligencia, entonces el general prefirió llamarla la guerra de zapa. Consistía en sembrar la duda en el enemigo, provocar temor, deserciones, recabar información, mentir y mentir a favor de la causa.

San Martín necesitaba espías, del otro lado de la cordillera y de este lado, en Mendoza, precisamente. Una parte importante de la población acomodada de Mendoza seguía siendo realista y en la ciudad se extendían informes y contra informes que luego serían llevados a Chile. Al parecer lo eligió con cuidado.

Pedro Vargas era respetado, callado y a quien se lo tenía por indiferente. Le propuso hacerse pasar por realista para recabar información. La empresa no era fácil, significaba que iba a ser repudiado por los mendocinos patriotas, que hasta su familia podía pagar el precio de tremenda osadía. A pesar de eso Vargas aceptó y desde entonces se mostró como un decidido defensor de la causa de España.

El pacto era sumamente secreto, sólo dos personas lo conocían, el general y Pedro Vargas, ni siquiera la esposa de Vargas supo de tal acuerdo. Fue perseguido, encarcelado, engrillado, confinado primero en San Juan y luego en San Luis, lo hicieron caminar encadenado para el escarnio de todos hasta la plaza mayor, le quitaron los bienes,  toda la sociedad mendocina y patriota pensaba que Pedro Vargas era un traidor a la patria, pero cada castigo significaba ganar prestigio entre los españoles y abrir la puerta de los caminos secretos en los que transcurría la información del enemigo.

De esta manera San Martín se enteró de todo lo que se decía y lo que estaba pasando y sembró del otro lado del Ande el desconcierto de sus informaciones. Su espía siempre tenía informaciones fidedignas y le suministraba al enemigo lo que San Martín quería que creyeran.

La familia de Vargas sufrió las consecuencias: también fue denostada, atacada, marginada. Su esposa Laura Corvalán amenazó con dejarlo por considerarlo un traidor. Sólo después de la toma de Chile por el Ejército Libertador se supo la verdad, y entonces Pedro Vargas tuvo una reparación solemne por sus servicios a la patria.   

Laura Corvalán se sentó en el sillón de terciopelo rojo que le señalara Remedios. El general no tardó. Una reverencia, el beso en su mano derecha, y las formalidades del caso. Hablaron poco de pocos asuntos hasta que Laura con los ojos brillantes dijo:

- Tiene que ayudarme, General. No lo soporto más. Usted lo sabe: mi marido es un traidor a la patria y eso no puedo aguantarlo. La gente nos ataca, nos insulta, hablan mal de nosotros. Saben todos que Pedro es un realista acérrimo. Tiene que ayudarme.

- ¿Qué puedo hacer por usted, señora?

- Mandarlo lejos, General, por un tiempo largo.

- Bueno, ya ha estado preso en San Luis.

- Más lejos, General, en Buenos Aires, adonde no pueda hacernos daño.

San Martín convidó a Laura Corvalán con una copita de ese licor de guindas que le habían regalado en Barriales. En el silencio profundo que dejaron ocurrir el general no quitó los ojos de los ojos de la mujer.

- ¿Usted lo quiere, Laura?

_ Lo quise mucho, general. Pero ahora no sé. Es mucho el dolor que nos ha provocado con su defensa por lo español.

Otro silencio ganó la habitación de la casa.

_ Laura, ¿usted cree en ese refrán que dice “las apariencias engañan”?

Se sorprendió la mujer

_ Si, por supuesto. Pero ¿Qué tiene que ver con lo que estamos hablando?

_ Tal vez mucho, Laura, tal vez mucho. En las ceremonias del carnaval acostumbramos a disfrazarnos, algunos que son tímidos, calmos, suelen disfrazarse de ogros, algunos de carácter violento suelen hacerlo de ovejas, o de palomas. Pero todos, absolutamente todos los que juegan al carnaval después de pasado el carnaval vuelven a ser lo que eran.

Laura Corvalán lo miró sin entender.

- Vaya Laura y aguante, aguante hasta que pase el carnaval.

 Pero cada castigo significaba ganar prestigio entre los españoles y abrir la puerta de los caminos secretos en los que transcurría la información del enemigo.

Marzo de 1917, el carnaval ya había pasado en Mendoza, y también el cruce, y también la Batalla de Chacabuco. Desde Chile mandó San Martín un bando donde aclaraba el papel honroso, sacrificado, abnegado que Pedro Vargas había desarrollado a favor de la causa. Era la reivindicación. Laura había vuelo a sonreír, su familia entonces no sólo había recuperado el respeto sino que había adquirido admiración.

Laura se acercó a Pedro que descansaba bajo el aguaribay de su patio, con un pocillo de café en la bandeja. Pedro la vio llegar.

- ¿De qué ríes, mujer?

_ Es que me estaba acordando Pedro, de todo lo que me gusta el carnaval.

 

Canción

Alguna vez se sabrá

alguna vez

lo que yo y el general

pactamos aquella vez

Aquella vez.

 

 

Que yo no soy español

nunca lo fui

voy gritando ¡viva el rey!

por orden de San Martin

de San Martín

 

Soy Pedro Vargas

me dicen godo

pero lo que voy gritando

no es lo que siento

Soy Pedro Vargas

de todos modos

por afuera soy traidor

pero argentino por dentro.

 

Me creen de la corona

eso está bien

para que yo pueda enterarme

de lo que piensan hacer

esos del rey.

 

Me dijo hágase realista

que sea real 

y me disfracé de España

para el general

para el general.

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