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Los Hombres de San Martin Los Hombres de San Martín Martes, 17 de Enero de 2017

El Molinero Tejeda, entre “abatanar” y el vuelo de la libertad

Otro de los hombres de San Martín rescatados por Jorge Sosa, es quien fue el responsable de hacer impermeables a los uniformes de los soldados de la patria. Más allá de las disidencias, otro valor de la historia.

El Molinero Tejeda fue el responsable de impermeabilizar a los uniformes del Ejército de los Andes

Martes, 17 de Enero de 2017

Por Jorge Sosa – Los Hombres de San Martín

Abatanar es darle a un tejido, a través de golpes,  mayor grosor y resistencia, hacer más pequeños los espacios que hay entre los hilos, para evitar, por ejemplo, que pase la humedad o el frío, es decir impermeabilizarlo.

Era indispensable para un ejército que se disponía a cruzar una de las cordilleras más altas del planeta que sus ropas estuviesen abatanadas. San Martín conocía las virtudes del mulato Andrés Tejeda. Era intuitivo, creador, osado para su época, dócil a las aventuras y además, molinero.

El molino del estado estaba ubicado en la actual Coronel Díaz al 104 donde existe un recordatorio. En ese lugar el agua del canal Tajamar que corría de sur a norte cambiaba de dirección hacia el este y producía un salto de agua considerable para aportar la fuerza que necesitaba un molino para funcionar.

Hasta entonces Andrés Tejeda sólo había molido granos. Iba a tener que experimentar con las telas de las bayetas.  Las bayetas eran piezas de tela confeccionada con diversos tejidos. Llegaban a Mendoza principalmente de San Luis. Ante el encargo de San Martín Tejeda planificó y construyó junto a Fray Luis Beltrán las piezas metálicas que fueron hechas destrozando una vieja campana de la Iglesia de la Trinidad.

Un emigrado chileno, Dámaso Herrera, muy entendido en mecánica los ayudó a poner en marcha el invento. San Martín no ahorró elogios a la tarea del molinero quien consideraba “un hombre cuyo talento mecánico era pasmoso sobre toda consideración”. Lo proclamó “ciudadano” por bando, honor que por entonces tenían muy pocos y menos siendo mulato.

San Martín conocía las virtudes del mulato Andrés Tejeda. Era intuitivo, creador, osado para su época, dócil a las aventuras y además, molinero.

Dos vuelos

Francisco José dejó su caballo frente al molino, quería saber cómo andaba ese tema de abatanar las telas. Los ruidos que provenían del interior eran muy fuertes. Golpe y golpe y golpe, sin cesar, sin descanso. No llamó, hubiera sido inútil, porque su voz se hubiera perdido entre tanto bochinche y porque Tejeda sabía muy bien escuchar adentro de los ruidos y ya se había dado cuenta de que un caballero había llegado al lugar.

Cuando lo vio puso en cuarto creciente la luna mulata de su sonrisa. Después del saludo Tejeda lo llevó adentro del molino y le mostró la actividad y la producción, las telas estaban quedando como San Martín deseaba. Después Tejeda ordenó a sus ayudantes parar la máquina por unos minutos y se sentó junto al general  frente al molino en un banco de algarrobo que él mismo había construido. Tejeda se encargó del mate, el General hizo las preguntas del caso. Tuvo su respuesta.

_ Avanzamos, general, pero no sé si podremos con todo. Tal vez deba hacer un pedido de uniformes a Buenos Aires.

Tomó nota Francisco José, atendió el consejo. Después recorrieron otros paisajes.

-  ¿Insiste en volar, Tejeda?

-   Igual que Usted, General. Usted va a volar a más de cuatro mil metros de altura.

-   Claro, pero yo a caballo ¿y usted?

-   A puro aire, General. Lo bueno del aire es que puede encontrarse en todos lados.

Sorbió mate espumoso José Francisco. Reflexionó por un instante.

-   No se olvide de lo que le ocurrió a Ícaro, Tejeda.

-   No me olvido, pero Ícaro buscaba acercarse al sol, usted y yo, general, sólo buscamos acercarnos a la libertad.

Agosto de 1916. En Mendoza, mucha gente se agolpó frente al molino. El asombro era de todos. ¡Está loco! ¡Se va a tirar! ¡Se va a tirar!

En la cúspide del edificio más alto del lugar. Andrés Tejeda se balanceaba con unas alas precarias. Había leído a Da Vinci, había visto sus dibujos, el genio no podía estar equivocado. Las alas eran de cuero, extendidas con maderas firmes y maleables tientos de cuero caprino.

¡Está loco! ¡Se va a tirar! ¡Alguien tiene que pararlo!

-   No me olvido, pero Ícaro buscaba acercarse al sol, usted y yo, general, sólo buscamos acercarnos a la libertad.

Nadie lo paró. Pero ninguno antes y ninguno mucho tiempo después hizo lo que el mulato hizo: por un minuto, tan sólo por un minuto, fue pájaro.

El vuelo

Con maderas livianas pero firmes y fuertes cueros flexibles, cosidos con tiento se fabricó el armazón de las alas a las que revistió con lienzo. Hizo algunas pruebas a poca altura que fueron exitosas.

Una mañana de Agosto de 1816 subió al techo de su molino y se lanzó al vacío batiendo las alas con sus brazos rápidos. Tuvo su vuelo, modesto, pequeño, sólo recorrió cincuenta metras y cayó fracturándose las piernas. Seis meses después moría, cuando sus telas, sobre el cuerpo de los soldados, iban pisándole los pies a la montaña rumbo a la libertad.

En algunos de los encuentros San Martín y Tejeda, hablaron de las tácticas de guerra. San Martín creía, como ocurrió, que la guerra del futuro se resolvería desde el aire. ¿Fue una idea del molinero lo de las alas o fue una propuesta de San Martín?  La historia aún tiene que encendernos algunas luces.

Canción

Permiso para volar

 

Pido permiso, mi general

voy a volar.

Pido permiso para extender las alas

al más allá

 

De lienzo, tiento y madera

mis alas son

y un poquito de viento

del corazón.

 

Y ahora que ya están listas,

Mi general,

deme usted el permiso

para volar.

 

Soy el mulato Tejeda,

nací pájaro de tierra

pero pronto he de subir

a tutear a las estrellas.

 

Usted suba que yo subo

vamos los dos a volar

que el cielo también es patria

y precisa libertad.

 

Usted suba que yo subo

General

Usted por la cordillera

General

Y yo un poco más abajo

General

Por tierra y cielo lo haremos

General.

 

Y si salgo bien

yo lo seguiré

vuele usted, señor

que yo volaré.

 

Y si ve un cóndor volando

a altura de Cordillera

diga usted sin duda alguna:

el Molinero Tejeda.

 

Vuelo, vuelo, vuelo

soy patria viajera.

Vuelo, vuelo, vuelo

hasta ser bandera.

 

Disidencias

Hemos tomado uno de los caminos existentes para contar este trozo de historia. Sabemos que existen disidencias. Hay historiadores, respetables, que no creen que Tejeda haya sido mulato y tampoco creen que haya abatanado los uniformes del ejército. Sostienen que se dedicó a elaborar harina de maíz para alimento de las tropas en su preparación y posterior cruce. Afirman, además, que los uniformes fueron traídos de Buenos Aires. Lo cierto es que el encargo de San Martín existió y si el grueso de los uniformes o telas pudo llegar del puerto es probable que parte de ellos, al menos, se confeccionaran en Mendoza. También existe disidencia en la ubicación del molino. Algunos lo asientan sobre el Tajamar, cerca de la Alameda, y otros afirman que estaba ubicado en la zona de Panquehua.