Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 9 de Mayo de 2019

Las sendas peatonales

Están para cumplir un propósito y ese propósito es cederle el paso al que anda caminando que siempre tiene prioridad porque no puede competir con su cuerpito gentil frente a los grandes aparatos móviles 

Jueves, 9 de Mayo de 2019
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Jueves, 9 de Mayo de 2019 | Están para cumplir un propósito y ese propósito es cederle el paso al que anda caminando que siempre tiene prioridad porque no puede competir con su cuerpito gentil frente a los grandes aparatos móviles 

Dicen que las cebras son las sendas peatonales de la selva. Porque las sendas petonales son rayadas. Un peatón es un automovilista al que le han amputado el auto.  

Vaya a saber quién las inventó pero es una derivación directa del automóvil. Las grandes aglomeraciones de vehículos que se daban en ciertas ciudades europeas, obligaron a crear las sendas peatonales y los semáforos porque sin ellos cruzar una calle se hacía más difícil que escupir para adentro. 

Habitualmente son franjas ubicadas horizontalmente, paralelas a las calles, por donde deben cruzar lo petaones si es que el peatón no prefiere cruzar por el centro de la calle que es lo que hacen numerosas personas, a riesgo de vida.  

Todos somos peatones, porque aún los automovilistas, al bajarse de sus vehículos se transforman en peatones y andar a pata requiere un poco de respeto que embromar. No es fácil andar caminando por una ciudad con miles de caminadores que se agolpan en cada esquina esperando a que el semáforo les dé permiso.

Pues para eso están las sendas peatonales, que a cada tanto debe volver a pintar la municipalidad porque los autos van desgastando la pintura y en algunas esquina hay como rastros de sendas peatonales.  

Pero están para cumplir un propósito y ese propósito es cederle el paso al que anda caminando que siempre tiene prioridad porque no puede competir con su cuerpito gentil frente a los grandes aparatos móviles que andan usufructuando nuestras calles.  

Existe como una interacción entre senda peatonal y semáforo. Cuando el semáforo se pone en rojo, detiene el andar de los vehículos y es el turno de los que andan pataperreando. Pero no es fácil. Uno, aún en estas condiciones tiene miedo de cruzar la calle porque los autos están como al asecho, regulando sus motores, dispuestos a volver a arrancar y uno tiene la sensación de que lo van a hacer por más que uno esté por delante.  

Hay semáforos para peatones que dan mayor confianza. Debería haber uno en cada esquina así uno cruza con una mayor dosis de seguridad y no apurando los pasos para alcanzar la otra vereda.  

Hay peatones que cruzan lentamente poniendo a prueba la paciencia de los automovilistas. Andan por la mitad de la senda cuando el semáforo se pone en verde y parece que no pueden esperar, que la ansiedad los carcome, entonces amenzan con avanzar poniendo en riesgo la actividad digestiva del que cruza. Y están los que lo hacen a toda velocidad, la que les pueden otorgar sus pies, a fin de alcanzar el otro lado, porque el otro lado es la salvación. 

Como quiera que sea el peatón tiene prioridad de paso aunque no exista senda peatonal, aunque sea un rayado imaginario que cruza las esquinas.  

El automovilista tiene una franja delante de la senda peatonal que es la que le indica adonde debe detenerse, pero no todos la respetan, hay algunos que tienen el pie derecho lerdo y entonces no frenan a tiempo y regla, se pasan y terminan metiendo la parte delantera de sus vehículos en la mitad de la senda provocando el malestar en aquellos que cruza, que lo hacen recordando las actividades sexuales de la madre del automovilista. Es un inconveniente que se sobrellevaría estando atento, nada mas.  

Las sendas peatonales son un paisaje habitual en cada esquina de una ciudad que se precie de ser una ciudad. Dan seguridad, no hay dudas, pero no toda, uno debe cruzar pensando en que uno es débil y de ninguna manera lo va a salvar una línea dibujada en el suelo. Vamos ahora, que el semáforo se puso en rojo. 


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