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Jorge Sosa  sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 11 de Abril de 2019

La sombra

Es como nuestra continuación, la que nos hace más grande, la que nace de los pies, desde bien abajo, desde que somos inicio.

Jueves, 11 de Abril de 2019
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Uno se puede olvidar de muchas cosas, la billetera, el celular, las llaves, pero nunca puede olvidarse de su sombra. La sombra nos es inherente como el agua para la navegación. Usted me dirá de noche la sombra se apaga y esto es si no hay ninguna fuente de luz cercana. En campo abierto con la luna llena colmándonos nuestra testa también aparece la sombra. Yo creo que la sombra es inevitable. 

Estirada en las mañanas, estrecha al mediodía la sombra va por donde quiera que vayamos y no nos abandona nunca, es fiel desde los zapatos hasta la mollerita.  

Todo cuerpo que exista en este planeta produce sombra y la sombra, constante, perseverante, nos acompaña en nuestros aciertos y en nuestras metidas de pata. 

Poca o mucha en el recuento 

Todos tenemos historias

Hasta el pelo más delgado

Da sombra.

No nos damos cuenta de su existencia, la dejamos hacer por su cuenta sin darle importancia, pero la sombra con una constancia asombrosa, nos sigue o se nos adelanta pero nunca nos abandona. 

Nos pueden abandonar los amigos, los parientes, o el amor pero la sombra persiste en su tarea de darle forma a nuestro contorno, de contarnos por dos veces.  

Hay tipos con una envergadura enorme, de esos tipos roperos andantes, que producen una sombra que bien podría amparar del sol a todo un equipo de fútbol, y están los flaquitos, menudos de estatura, que apenas si dan noticia de que están pasando.  

El folklore argentino dio cuenta de su existencia en los versos de Julio Santos Espinosa, que escribió la magnífica canción "Vidala para mi sombra" y que dice en dos de sus pasajes: 

A veces sigo a mi sombra

A veces viene detrás,

Pobrecita si me muero

Con quién va a andar.

Achatadita y callada

Dónde podrás encontrar

Una sombra compañera

Que siga igual.

Fue grabada por numerosos grupos y solistas del canto nativo, entre ellos Atahualpa Yupanqui, nada menos, y Alfredo Zitarrosa, nada más. 

La literatura argentina la menciona como apellido de un personaje que se adentró en la cultura de nuestro pueblo y sigue despertando asombro al leerlo: "Don Segundo Sombra", de Ricardo Güiraldes, autor que merece ser frecuentado en sus novelas, "Raucho" por ejemplo.  

Andando por la calle, las sombras de los edificios o de los árboles que en Mendoza son profusos nos dan un respiro a tanto sol cuyano y entonces disfrutamos del manto oscuro que nos protege. Nos alejamos de ella en el invierno porque seguramente, dentro de su territorio el frio se hará más frío que bajo el febo asoma. 

La sombra habrá de acompañarnos hasta que dejemos de andar por este planeta. No necesita atención alguna, existe por esa cuestión de la física. Porque es una cuestión de la oscuridad donde la luz se obstaculiza o esconde.  

Deberíamos darle más importancia de la que le damos, porque en definitiva la sombra es como nuestra continuación, la que nos hace más grande, la que nace de los pies, desde bien abajo, desde que somos inicio. 


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