Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 3 de Enero de 2019

El pañuelo

El ser humano ha usado mucho tiempo símbolos de distinción. Cada nación tiene sus símbolos y los hace presente cuando el sentimiento patriota se lo requiere.

Jueves, 3 de Enero de 2019
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Jueves, 3 de Enero de 2019 | El ser humano ha usado mucho tiempo símbolos de distinción. Cada nación tiene sus símbolos y los hace presente cuando el sentimiento patriota se lo requiere.

Pero hay otros símbolos que tienen que ver con lo que pensamos, con las ideas que andan bullendo adentro de nosotros y necesitan una forma de expresarse.

La variedad es notoria, desde los pin de las solapas que nos identifican con alguna institución, hasta los brazaletes que suelen usarse como distintivos, a veces, de bonanza, de solidaridad como los que suele usar Greenpeace, por ejemplo, a veces como símbolo de ideas lesivas para la humanidad toda como el brazalete nazi que se hizo cruelmente famoso en el siglo pasado (aún se usa).
El pañuelo tiene dos motivaciones, uno es lo relacionado con la salud. Por ejemplo el pañuelo para limpiarse los mocos (perdón para decirlo de manera tan directa), que supo ser de tela hasta que comenzaron a ser desplazados por los de papel que ahora asumen el rol de protagonistas.
Pero también el pañuelo sirve como adorno. Durante largos años del siglo pasado era común que el hombre se colocara algún pañuelo llamativo en el bolsillo superior de su saco, y lo mostraba con elegancia por un lado y con orgullo por otro.
Esta costumbre está desapareciendo paulatinamente y ahora son curiosos los que aún persisten con la presencia del pañuelo en el bolsillo.
Las mujeres siempre hicieron del pañuelo parte de su atuendo y lo siguen haciendo. Hay pañuelos que son maravillosos y algunos que valen sus buenos pesos por el origen o la tela que los aguanta.
Pero hace un tiempito los pañuelos vinieron a simbolizar una idea. Todo ocurrió cuando se suscitó la discusión sobre el aborto no punible o no. La sociedad se agrietó (qué raro una grieta en la Argentina), se separó, creó disgustos. Aparecieron los pañuelos verdes, que usan las que están a favor del aborto, y los pañuelos celestes que usan las que están en contra, y las posiciones parecen irreconciliables.
La cuestión es que el pañuelo, visto de esta manera, comenzó a transformarse en el símbolo de un pensamiento, de una toma de posición en la vida.
¿Habrá una forma de llegar a un punto de acuerdo en donde nadie tenga que usar símbolo alguno porque todos estamos de acuerdo? Difícil que el chancho chifle y más difícil que la chancha aplauda.
Se usan de distinta manera; colgados del cuello es lo más habitual pero también como muñequeras y hasta colgados de bolsos y mochilas.
Aparecerán otra vez, profundamente, numerariamente, cuando  el tema del aborto vuelva a sacudir la conciencia de los argentinos y serán banderas de tomas de posición, de su lugar en la lucha.
Han aparecido otros pañuelos: están los amarillos de los que propugnan la apostasía, o sea la renuncia a sus creencias religiosas y por extensión la separación de la Iglesia del Estado.
Proliferan los pañuelos y eso es una característica de estos tiempos, donde la defensa de las ideas parece pasar por un trozo de tela. Está bien que se distingan, lo que no está bien es que sea un motivo para el rencor.
Cómo me gustaría, entre tantos pañuelos que se exhiben,  que aparezcan algunos blancos como para bailar la zamba.

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