Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 27 de Diciembre de 2018

El chiste

El chiste es un tributo a la alegría. Contar algo para procurar un bienestar de carcajada es una acción que bien debería estar incluida entre los actos de solidaridad del tipo.

Jueves, 27 de Diciembre de 2018
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Jueves, 27 de Diciembre de 2018 | El chiste es un tributo a la alegría. Contar algo para procurar un bienestar de carcajada es una acción que bien debería estar incluida entre los actos de solidaridad del tipo.

Andan proliferando por las redes sociales cientos de miles (por no decir millones) de estos recursos ingeniosos que procuran un instante de alegría al menos.

Claro que los hay de distintas calidades, gustos y motivos. Podríamos catalogarlos como ingenuos, con intenciones, y directamente agresivos. Estos últimos suelen hacer reír a algunos pero les duelen a otros y entonces no habría que considerarlos chistes.
Algunos aseguran que la palabra chiste proviene de la onomatopeya “chis”, o sea el sonido que uno hace para llamar la atención, a veces en voz baja. La onomatopeya tiene varios derivados, entre ellos el muy conocido verbo: “chistar”. Así lo asegura Corominas, el gran estudioso de la lengua. Dice que chiste está ligado indisolublemente a la palabra chistar. Habla del término “charlar” que se refiere a decir chistes o necedades.
Hay personas que no pueden vivir sin los chistes, siempre tienen uno nuevo encima y no paran hasta contártelo. Para ellos parece un desahogo aunque para quien los escucha pueda suponer una pequeña tortura.
Los chistes son abarcativos de la vida del tipo, se meten con todo lo que se mueva o lo que esté inmóvil, entonces sus motivos son numerosísimos.
— Por favor, ayúdame. Se me ha perdido mi hija.
— ¿Cómo se llama?
— Esperanza
— Imposible, la esperanza es lo último que se pierde.
El ingenio popular se mete con el ingenio popular y suelen aparecer relatos ingeniosos por doquier.
— ¿A qué te dedicás?
— Soy roquero.
— ¿Tocás en alguna banda?
— No, junto rocas y las vendo.
Sorprenden, una de sus intenciones es precisamente sorprender, llevarnos por un camino de lógica para terminar en un disparate.
— ¿Adónde va?
— Adonde nos lleve el viento y diga tu corazón.
— Señor, sea serio o bájese del taxi.
Lo que comienza siendo una pequeña declaración de afecto termina siendo una tomada de pelo a quien nos conduce a algún lugar (puede aplicarse al Uber también).
Los chistes mencionados fueron extraídos de las páginas de Google, que tiene infinidad de páginas dedicadas a estos menesteres.
El chiste se diferencia del cuento gracioso. El cuento gracioso es más largo, se detiene a pintar algunos detalles del desarrollo de la narración y a veces es más risueño el durante que el final. Maestro en esto es Luis Landriscina, que hizo del cuento gracioso su rutina humorística, que fue paseada por todo el país. Luis no era diestro en el chiste, sino en el cuento, había que escucharlo en todo su desarrollo para saborearlo como se debía. Una maravilla.
Andan los humoristas mendocinos valiéndose de los chistes para realizar su rutina y si bien para ellos es un laburo más, para quienes los escuchan es un instante en el que quedan postergadas todas las mufas, y los inconvenientes, y los rigores de la vida, para dedicarle unos segundos a hacer flamear la bandera de la alegría.
Bien loado sea ese chiste que nos hace cambiar la cara y que nos demuestra que la risa también es propiedad nuestra y sólo hace falta abrir la canilla para que brote espontáneamente.
— Estoy leyendo un libro que se llama “La honestidad y otros valores”.
— ¿Dónde lo compraste?
— No, me lo afané en la librería de acá a la vuelta.
Fin de chiste.

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