Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 20 de Diciembre de 2018

¡Jo! ¡Jo! ¡Jo!

Estamos muy cerca de la Navidad y es lógico que muchas de nuestras reflexiones se refieran a esta festividad de la Cristiandad.  Me parece que es importante que lo conozcamos más en profundidad a un señor que, con la modernidad, se ha transformado en un ícono navideño.

Jueves, 20 de Diciembre de 2018
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Jueves, 20 de Diciembre de 2018 | Estamos muy cerca de la Navidad y es lógico que muchas de nuestras reflexiones se refieran a esta festividad de la Cristiandad.  Me parece que es importante que lo conozcamos más en profundidad a un señor que, con la modernidad, se ha transformado en un ícono navideño.

Me refiero a Papá Noël, ese señor muy bien comido que anda con un traje más colorado que algo de contratista, vestido como para atravesar, con gripe, el invierno de Estocolmo, en un trineo tirado por ocho renos, hecho por el cual ya han protestado airadamente la Fundación Cullunche y Greenpeace.

Los renos son voladores y, que uno sepa, no tienen alas y no pertenecen al género de las aves. Deben ser fruto de la imaginación de Steven Spielberg, que en el ET hizo volar una bicicleta.
Este señor es nada menos que San Nicolás, que fue un obispo de Asia Menor del siglo IV. (Yo no sé cuándo va a crecer de una vez por todas esa parte de Asia que hace como dos milenios viene siendo menor). San Nicolás se destacó por salvar a marinos atrapados en la tempestad, que no sé cómo se largan a navegar con esta tormenta de la San Pauta. Pero también se destacó por dar generosos regalos a los pobres. Igualito que nuestros gobiernos.
Su fábula se extendió por toda Europa como donante de regalos. En Alemania se lo representaba cabalgando por el cielo en un caballo, vestido como un obispo y acompañado por Black Peter, un genio malo cuyo trabajo consistía en azotar a los niños malos (después hablan de la violencia familiar de ahora).
El simpático personaje del que hablamos tiene varios nombres: le dicen Pére Noël, en Francia; Junlenisse en Escandinavia; Father Christmas en Inglaterra; Sinter Klass en Holanda; el viejito pascuero en Chile, y Cholo entre sus amigos. Pues bien, el look que luce el Papá Noël actual,  no tiene un corno o dos cornos con la forma de vestir que tenía el auténtico San Nicolás. Fue una ocurrencia del dibujante norteamericano Thomas Nast, que allá por 1860 decidió dibujar al gordito regalero como él lo veía.
Y así quedó nomás y por quedar así no son pocos los inconvenientes que debe soportar, el primero ya sabido por todos, vestir ropa de pleno invierno nórdico en pleno verano del sur, para colmo gordo, el tipo transpira más que Luis Miguel después del vigésimo bolero. Otro inconveniente: no tiene dónde estacionar y si consigue estacionamiento se arriesga porque al volver puede encontrarse sin car estéreo, sin trineo y sin renos. Aparte, para entrar en cualquier casa tiene que eludir rejas, chocos y alarmas. Si hasta para los cacos es difícil miren si no va a ser difícil para él, y todo esto sin hacer ruido, sin hacerse ver, es un despropósito.
Y para colmo, para poder entrar tiene que esperar que los mayores distraigan a los menores: - ¡Miren, miren, vengan a ver los fuegos artificiales! ¡Qué lendos! – ¡Vengan chicos me parece que por el fondo anda Papá Nöel! – ¡Chicos, vengan al patio que les voy a sacar una foto con el teléfono! – Todos inventos para que el gordito pueda cumplir con su trabajo, a solas, armando lío cuando se caen las tarjetitas y no sabe de qué paquetes se cayeron, sudando como tapa de olla y sin alguien que le convide al menos un vaso de Coca Cola que fue la que lo creó. En fin, a un amigo mío le dicen Papá Noël: es gordo, colorado y  trabaja una vez al año.

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