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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 6 de Diciembre de 2018

Los recolectores

Hay trabajos que son muy peligrosos, los de policías y bomberos seguramente ocupan un lugar especial entre ellos. Hay que tener mucho temple para enfrentarse con el crimen o con los incendios, entre otras cosas.
 
Trabajo embromado debe ser el de cazador de cocodrilo o el de amaestrador de tiburones. Cualquier descuido y se puede ir gran parte del cuerpo con el bicho. Puedo agregar en la lista de trabajos peligrosos el ser doble en el cine, que es el que recibe los golpes, o el de boxeador, porque la residencia de su trabajo es su propia cara.

 
Así mismo debe ser embromado el laburo de astronauta, que andan dando vueltas y vueltas alrededor del planeta sin posibilidad de ir a caminar un poco por un parque cercano. En Mendoza deberíamos poner en lista el trabajo que hacen los rescatistas que se desempeñan en el Aconcagua, con la misión de ir a salvar vidas a alturas increíbles y con las peores condiciones del clima.
 
Pero en los trabajos comunes hay algunos que son merecedores de nuestra consideración. Los trabajos en las minas, por ejemplo, aunque en Mendoza no tienen significado, o los trabajos de la construcción. Los muchachos "levantaedificios" desarrollan su tarea de fuerza y de maña en las condiciones más severas, a veces con un frío que inmoviliza a veces con un calor que aplasta y a veces en equilibrio precario a alturas considerables. Hay que reconocerles cierto grado de valentía.

Pero los que a mí realmente me asombran son los recolectores de basura. Habría que distinguir los recolectores oficiales y los recolectores privados, esos que andan en chatas viejas, o carretela, o moto, o bicicleta, escarbando los lugares en los que nosotros dejamos los desperdicios.

También tendríamos que distinguir a los cartoneros, que son recolectores especializados, se acopian de cuánto cartón encuentran a mano para vendérselos a aquellos que reciclan papel.
 
Sin embargo mi referencia es a aquellos oficiales que andan por las calles colgados magramente de los camiones que compactan la basura. Me asombro con ellos, contraigo vértigo y me elimino de la posibilidad porque yo no tendría ni una pizca de la constancia que ellos ponen en su tarea. Corren durante todo el tiempo, deben hacer, corriendo, varios kilómetros por recorrido, meten sus manos en el bolserío dejado en la vereda y vuelven al camión para darle alimento.


Son los que se llevan lo que a nosotros nos sobra, los que limpian la ciudad de las sobras que la ciudad ha generado. Me admiro de su tarea y a veces me cuesta entender cómo pueden cumplirla.

Corren y corren detrás de un camión que los espera, se comunican con el conductor con chiflidos que sirven de señal, de código y así van recorriendo cuadra por cuadra a veces sin tener ni el más mínimo descanso.

Se los puede ver con sus uniformes descoloridos de tanto arrastrar basuras y no tienen tiempo de enterarse de por cuál calle van. Ellos van nomás, siguiendo el reguero de bolsas.

Sí, hay trabajos muy sacrificados en esta sociedad que somos, pues ellos, los basureros, realizan uno de los más sacrificados. Muy pocas veces nos acordamos de ellos, valga esta nota para agradecerles por los servicios prestados y para admirarles la constancia.

Ah, y si pasan por casa, déjenme dos bolsas, por favor.

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