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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 29 de Noviembre de 2018

Letra difícil

Pregunta un amigo a quien no le gusta el reguetón: ¿en que se parece el reguetón a una receta médica? En que los dos tienen una letra horrible. Las letras usadas por algunos médicos son un galimatías difícil de resolver. Conozco farmacéuticos que consultan con otros farmacéuticos a ver si pueden resolver qué diablos recetó el galeno autor del garabato.

Llegará el día en que las recetas se hagan a través del teléfono celular y estos problemas de descifrar citas incomprensibles se terminen. El teléfono celular, junto con las computadoras, están provocando un cambio en las costumbres del tipo.

Antes escribir era una normalidad y no digo para los escritores que se ganaban la vida con sus pensamientos, digo en el tipo común, porque debía mandar mensajes, llenar formularios, hacer informes y entonces su letra tenía mucho que ver. En algunas escuelas de hace años se enseñaba caligrafía como un modo de perfeccionar esta forma de comunicarnos.
Pues paulatinamente vamos perdiendo el hábito. Los teclados son indispensables en esta época moderna y entonces la letra no es de uno, es del señor arial, o del señor caliri, o del señor Microsoft y por supuesto nada nuestra. Nos entusiasmamos con los teclados y todo lo que tenemos que decir, todo, pasa por ellos. Son impersonales.
La caligrafía fue, durante mucho tiempo, una identidad del tipo. Uno leía un escrito, se fijaba en la letra y decía “esto lo escribió el Nicolás”, porque, entre las propiedades del Nicolás estaba su letra. Ahora casi que no es caligrafía es una serie de rasgos que tienen cierto parecido a las palabras, desordenados  y sin lucimientos, casi como escritos con la mano izquierda (derecha para los zurdos). A veces, como las recetas médicas, se hace difícil de entender plenamente.
Ahora no la practicamos y por lo tanto nos estamos olvidando. No tengo datos pero estoy seguro de que la venta de biromes, lapiceras, estilográficas ha caído abruptamente en estos últimos tiempos. La escritura sigue siendo manual, porque son nuestros dedos los que accionan las teclas de las computadoras, pero ha perdido aquellas condiciones de la manualidad, la prestancia, el sello personal.
Decíamos entonces “Qué buena letra tenés” y uno a través de la observación se iba aproximando a la forma de ser del tipo: debe ser una persona muy cuidadosa, muy prolija.
No podemos dejar de reconocer el beneficio que tienen los teclados, que están eliminando paulatinamente los correctores y las gomas de borrar. Además no podíamos escribir con la velocidad que lo hacemos en los aparatos sin nos diera por encarar el asunto por mano propia, y menos si queremos hacerlo en letra imprenta que es la que usan los ordenadores.
Yo mismo precisaría para escribir este artículo mucho más tiempo si lo hiciera a mano y con lapicera que como lo hago ahora a mano y con teclado. Los beneficios están a la vista. Pero estamos perdiendo parte de nosotros, una forma de expresarnos que antiguamente pobló las floridas cartas que enviábamos a amores lejanos. Uno amaba hasta por la letra.
Pero nuestra letra, esa que corregían con dificultad nuestros maestros, pero que nos identificaba se va perdiendo lentamente y puede llegar el tiempo en que se nos haga difícil y hasta imposible escribir de acuerdo al antiguo sistema.
Vamos cambiando, pero tal vez estemos uniformados de estilos y fuentes, y entonces somos un poquito menos nosotros. ¿Llegaremos a firmar con las máquinas?

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