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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 22 de Noviembre de 2018

Plástico

Allá por 1909 estaba Leo Bakeland en su laboratorio de Nueva York cuando su mujer le pidió que fuera a comprar dos hamburguesas con ketchup – No perá vieja, que termino de inventar una güevadita que puede ser interesante. No sé cómo llamarla – La mujer le dijo: - Ponele tu apellido, así todos saben a qué estupideces te dedicás – Así nació la baquelita, que fue el primer plástico orgánico.

Desde entonces el plástico ha venido produciendo objetos sin parar y con un crecimiento espeluznante. En estos momentos podés encontrar autos de plástico, camas de plástico, colchones de plástico, edificios de plástico, aviones de plástico, estatuas de plástico, museos de plástico, muñecas de plástico,  y hasta árboles de plástico. Todo lo que pueda considerarse objeto es posible de ser hecho con el plástico. Se le llama plástico porque es  dúctil, blando, que se deja moldear fácilmente.

Por un lado es maravilloso comprobar todas las utilidades que tiene este producto proveniente de antiguos habitantes de la Tierra. Usted mismo en este momento que me lee seguramente tiene alrededor objetos que fueron construidos con plástico. Muchos objetos se abarataron y se hicieron posibles para el gran público debido al plástico.
Pero el plástico no es biodegradable y en la naturaleza está causando estragos, porque la naturaleza necesita años para asimilar el material e incorporarlo sanamente a sus entrañas.
En estos momentos hay ríos plastificados por la acción del hombre, que arroja la sustancia a sus aguas. Los océanos del mundo tienen gran parte cubierta de plástico y es espantosa la cantidad de peces que mueren por esta gracia de los seres humanos.
Podemos comprobarlo entre nosotros, en las acequias, por ejemplo. Son tantos los objetos de plástico que arrojamos a ellas que su original propuesta de transportar el agua se ha transformado en la depredadora acción de trasladar plástico.
Días atrás, en uno de los días más fríos del invierno que tuvimos anticipadamente, yo estaba en la esquina de Garibaldi y San Juan, dispuesto a cumplir con mis obligaciones, cuando me paró un señor. Me sorprendió su altura, no digo dos metros porque tal vez estaría mintiendo, pero un metro noventa seguro que portaba. Tenía un sobretodo piel de camello envidiable, con los pelitos bien armados, lisito, un primor, de un color gris terraza muy atractivo. Me dijo con voz cavernosa: “Che Sosa, vos que tenés posibilidades de decir cosas por los medios, hablá de las acequias, loco. Ya no se puede vivir con la cantidad de plástico que acarrean. Ya no es vida”. Dicho lo cual se metió debajo de un puente y desapareció. Era un pericote.
<<<<Si los pericotes se quejan del plástico qué deberíamos hacer nosotros.
Hay paisajes hermosos que ya están totalmente plastificados. Cuando salgo a recorrer los aledaños de nuestra ciudad, o me meto en la geografía de mi provincia, me da pena encontrar bolsitas de plástico por todos lados, sobre los árboles, en los alambres, sobre los yuyos, sobre la tierra, sobre las flores, sobre el paisaje.
Plástico, plástico, plástico, por todos lados plástico. Vamos a tener que hacer algo para controlar este descontrol porque si no a este planeta llamado Tierra los extraterrestres  van a empezar  a llamarlo Plástico.

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