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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 1 de Noviembre de 2018

El poder

¿Qué es el poder que tantos buscan? ¿Qué representa para aquellos que no lo buscan?

El poder es sinónimo de fuerza, capacidad, energía o dominio, y puede referirse a distintas cuestiones, como la capacidad para hacer algo, la capacidad de ejercer un dominio hegemónico sobre uno o varios individuos, o de un país entero si lo prefieren, la habilidad de influir sobre uno varios individuos, la facultad de mandar.  

En las sociedades indica la autoridad suprema reconocida en una sociedad, por ejemplo nuestro presidente que es el jefe del llamado Poder Ejecutivo, el encargado de hacer.
Tenemos también el Poder Legislativo, que está constituido por aquellos que hacen las normas (leyes) sobre las cuales debe moverse el Estado moderno. Las instrucciones para que las cosas se hagan de una determinada manera.
Y por último tenemos el Poder Judicial, que es el encargado de imponer sanciones a todos aquellos que sacan los pies del plato y violan las leyes que se han elaborado.
Son los tres poderes que más se destacan en una sociedad como la nuestra, aunque hay otro, el poder de la opinión pública, el poder de la prensa, el poder del empresariado.
Estamos entrando, lentamente en un hecho ligado estrechamente con el poder, en nuestro país: las elecciones que habrán de producirse el próximo año y ya comienzan a ocupar los espacios públicos aquellos que pretenden quedarse con el poder o con una cuota del poder.
Comienzan a prepararse para ganar una carrera que les habrá de dar la posibilidad de encaramarse en la cumbre de las instituciones y desde ahí resolver.
Pero deben pasar por el tamiz de las elecciones. En nuestro país es el pueblo el que otorga esos poderes que antes hemos enumerado y de su voluntad emergerán los nombres encargados de hacer cumplir el mandato escrito de la Constitución Nacional.
Entonces debemos caer en el poder del pueblo, que es el mayor de todos, aunque hay muchos que se sientan sobre él y lo aplastan con sus asentaderas.
Dice el refrán: “El pueblo nunca se equivoca”, pero ¿es realmente así? Si analizamos las opciones elegidas por el pueblo en los últimos años vamos a tener que reconocer que el pueblo sí se equivoca, porque no puede ser que elija a personas, o instituciones, que terminan haciéndole daño. Hay demasiadas pruebas en nuestra historia. ¿Es masoquista el pueblo?
Podrán decir: nos engañan. Nos hacen pensar que van a hacer una cosa y después, cuando alcanzan el poder hacen otras totalmente distintas a las propuestas. Puede ser, pero deberíamos tener un poco de puntería para no errarle tan fiero.
¿Cómo hacer? Bueno, participando es una manera, involucrarse de tal forma en la idea y los planes de determinada fracción del pueblo para llevar adelante sus propósitos si los consideramos buenos.
Habría otros elementos más fáciles en la detección, que son las propagandas políticas. Dentro de poco, seguramente, aparecerán afiches con las caras de los propuestos para la próxima compulsa. Sonrientes y amables en sus expresiones. Una forma sencilla de elegir sería dejarnos llevar por nuestras impresiones.
Cuando aparezcan los afiches, párese delante de ellos, de los rostros que muestran y pregúntense: ¿Yo quiero que me mande un tipo con esa cara? La cara dice mucho, es la primera impresión que vamos a recibir y es bueno empezar por el principio.
Después todo es cuestión de lo que digan las mayorías. Pero claro, en el tiro de la oferta y de la demanda, la oferta muchas veces es tan magra que cuesta elegir, porque nadie se destaca por sus virtudes, la virtud no puede imprimirse.
Está llegando el tiempo, estemos preparados, van a venir a buscarnos, no nos olvidemos que tenemos todo el derecho de decir: “No, no voy, no me convence”.
En una de esas hacemos realidad, de una vez por todas,  aquel refrán que dice: “El pueblo nunca se equivoca”.

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