El diario gratuito de Mendoza

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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 25 de Octubre de 2018

Tal como somos

¿Cómo somos los argentinos? ¡Ja! qué preguntita, no? ¿Tenemos una enfermedad genética que nos baja permanentemente las defensas?. ¿Somos un pueblo inteligente con mala suerte o un pueblo que no encuentra la inteligencia del conjunto?

Comparemos las cosas que le achacamos a nuestros gobernantes con nuestras actitudes individuales. Comencemos: promesas incumplidas. Y mirá, yo trato por lo menos. Una vez le prometí a mi mujer que la iba a llevar a Las Vegas, Nevada, y cumplí a medias, la llevé a Las Vegas, Potrerillos. Pero cuando se nos dio lo del pibe que buscábamos por partida doble, porque fueron mellizos, le llevamos la botella de agua a la difuntita. Yo a las promesas trato de cumplirlas.

Sigamos: falta de sensibilidad social. Bueno, yo cuando veo uno de los chicos que limpian parabrisas en las esquinas me caliento con ellos, pero me caliento de una manera amable y considerada, inclusive algunas veces les doy una moneda de diez centavos sin que me limpien nada. Hay que hacer bien sin mirar a quien, y menos si el parabrisas sigue sucio.
Continuemos: corrupción. ¡Ah, no! Eso sí que no. Nunca pero nunca. Sólo algunos humildes ofrecimientos al agente de tránsito para que no me haga una boleta o un porcentaje de una venta que le pagué a quien hizo la compra, pero en lo demás in – co –rrup – ti – ble.
Hablemos de las internas. Bueno, no voy a negar que a veces en el trabajo nos aliamos con algunos compañeros en contra del flaco López, pero lo hacemos porque es un arribista, un trepador, y ese puesto que quiere conseguir lo merezco yo por entrega, capacidad y sacrificio. Debo reconocer que en mi familia no nos vemos con mi hermano mayor, pero yo trato de no agregar nada cuando mi mamá habla mal de él. No quiero echar leña al fuego.
Sigamos: discriminación. Jamás pero jamás de los jamases, simplemente le he dicho que mi hijo que no se junte con ese flaco amigo de él, que es medio rarito y bueno, algunas bromas que hacemos en el trabajo con algunos compañeros que tienen algún defectito notable, pero nada más.  
Por último: condescendencia con los poderosos. Ninguna, absolutamente ninguna. Le he hecho algunos favores privados a mi jefe, y he ocultado algunos chanchullos del dueño de la empresa pero lo hice solamente para no acarrarles más problemas de los que ya tienen, pobres.
Entonces es cuando me quedo tranquilo. No es cierta aquella frase “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Nosotros, como somos, merecemos algo de mucha calidad. Lo que pasa es que nos equivocamos en el proceso de selección, ahí está el error.
Tal vez deberíamos cambiar la frase analizada y en vez de Cada pueblo tiene el gobierno que se merece podríamos decir: cada pueblo tiene el gobierno que se le parece.
Actuamos con ingenuidad, nos parece que todo lo que reluce es oro y resulta ser plomo camuflado. Somos demasiado confiados, pedimos liebre y nos traen gato o nos meten el perro. Pero ser ingenuos y confiados no son falencias, al contrario, son cualidades propias de la gente de buen corazón. Así somos los argentinos. Todo va a cambiar cuando esté al frente del país un argentino como nosotros. Ya van a ver, ya van a ver.


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