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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 18 de Octubre de 2018

Metida de pata

No creo que haya persona alguna en el mundo que no haya metido la pata alguna vez. Somos perfectibles y en esa perfectibilidad es lógico que cometamos algunos errores con los demás o con uno mismo.

Cuando decimos "metida de pata" nos referimos a un fallo o torpeza cometidos inoportuna y/o equivocadamente por alguien.

La expresión "metida de pata" nos lleva a pensar en un animal que, precisamente, metió la pata en una trampa y no puede salir. Pero tiene otro posible origen que la emparenta con el diablo.
Porque en algunos lugares de España se habla de "Pateta" para referirse al diablo. En un tiempo se hizo común decir "mentar a Pateta", o sea nombrar al diablo. Con las deformaciones que suele tener el vocabulario de tanto transmigrar de pueblo en pueblo y de época en época, es viable suponer que "mentar a Pateta" se transformó en "metida de pata".
Sí hacemos caso a este origen como el adecuado para la expresión (evidentemente como jerga de la cultura popular), nos encontramos que cuando "metemos la pata" en algo (o sea, cometemos una torpeza inoportuna), ésta no es más que una travesura realizada por el mismo diablo, quien está inmiscuyéndose en nuestros asuntos.
Las metidas de pata son inconmensurables, estaríamos días tratando de descubrir cada una y su naturaleza, pero generalmente ocurre cuando uno hace algo o dice algo que puede ofender al oponente circunstancial. Cuando ocurre con uno mismo, sin desparramos en otras personas, solemos ponernos colorados. La pigmentación de nuestro rostro cambia, nos da lo que se llama vergüenza y entonces la situación se hace más evidente que embarazo de bailarina.
Generalmente las metidas de pata que más duelen son aquella que solemos cometer con familiares o amigos. A veces involuntariamente, por distraídos o por falta de oportunidad, pero muchas veces son intencionales aunque no nos demos cuenta del daño que podemos causar.
La forma de subsanar esta incomodidad de la vida es muy simple: la palabra perdón. Perdón viene de perdonare, de las palabras latinas per dare, "para dar". A veces decimos le pedí perdón en arameo y estamos diciendo una verdad doble porque perdón parece provenir del antiguo arameo.
Son dos sílabas que significan "discúlpame, lo hice sin querer, mi pretensión no fue herirte". ¡Cuántos momentos difíciles podríamos sortear de utilizar a tiempo la palabra perdón!
Porque tiene la mejor intención de reparar la ofensa realizada. Perdón dicho con palabras pero antes con el corazón. A veces nos maldisponemos con algún familiar o con un amigo por una tontería dicha o hecha meramente al pasar y esto puede llevar a enemistarnos por largo tiempo con aquel que ha sido dotado del papel de víctima.
El perdón es como un curita que calma inmediatamente cualquier herida y sería bueno que lo utilizáramos con más frecuencia. Porque si no, debemos coincidir que tiene más valor la ofensa que la buena relación y eso es una estupidez que arruina los mejores momentos.
¡Cuántas amistades se han perdido por una simple metida de pata! Como dice otra expresión, "no vale la pena".
A lo mejor tengamos algunas metidas de pata no resueltas, a lo mejor hoy mismo cometamos alguna. Tengamos a mano la palabra "perdón": actúa instantáneamente y vuelve a poner las cosas en su verdadero lugar.

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