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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 20 de Setiembre de 2018

El Fernet

Las  bebidas se van manteniendo en el tiempo, mejorando tal vez, pero conservando su esencia. El vino, el coñac, el aguardiente, la ginebra, la cerveza, el whisky, por nombrar sólo algunas, tienen cientos de años de antigüedad y sin embargo siguen su marcha ganando mercados, a pesar de su longevidad.

La gente las hace suyas y se deleita con su ingesta y las prefiere; más aún, las pone de moda. Ahora está de moda el fernet con cola. Durante mucho tiempo el fernet permaneció a la espera, en su segundo o tercer plano, y de golpe, hace algunos añitos, estalló y pasó a ocupar los primeros lugares en el placer de los bebedores.

Es un invento argentino, dicen que de los cordobeses, en otros países no se da su consumo masivo.
Alcohol, hierbas, agua y azúcar. Cuando en una farmacia de Milán allá por el 1900, el doctor Bernardino Branca, junto con un francés de apellido Fernet, acuñó la fórmula, jamás se le hubiera pasado por su cabeza el boom que significaría su bebida cien años después, ni que Córdoba sería el mayor consumidor mundial de su bebida. El 30% del fernet que se produce en la Argentina se bebe en la provincia mediterránea. El año pasado se produjeron más de 11 millones de litros y para este año se aguarda una producción de 13 millones. Es la bebida alcohólica con mayor crecimiento en el país. El primer y el segundo lugar está reservado para el vino o la cerveza.
El fernet entró al país por el puerto de Buenos Aires. Los inmigrantes italianos que desembarcaron a principio del otro siglo venían con sueños para cumplir y una botella lista para descorchar. Ante el menor mareo en el barco, la mínima indigestión, usaban el fernet; también lo hacían para potabilizar el agua criolla. Era una botellita multipropósito que entonces se vendía en un frasquito con gotero.
Yo recuerdo que en mi infancia ante cualquier malestar, sobre todo del estómago, lo aconsejado era un poquito de fernet, como sanador, casi como remedio y no como bebida. A alguien se le ocurrió un día mezclarlo con una bebida cola y el asunto gustó, gustó de tal forma que hoy es una normalidad en las reuniones de nuestros jóvenes y no tan jóvenes. El vino, macanudo venga porque es necesario, la cerveza que compite directamente con el vino venga también, y unas botellas de fernet para estirar la noche con este estimulante oscuro y amargo.
El problema es que la graduación alcohólica del fernet es alta y muchas veces no se miden bien las consecuencias, y entonces, resultados a la vista, la borrachera entra por la puerta más chiquitita y se queda a dormir hasta el otro día. Pensar que lo que pensó el bueno de Don Branca allá a comienzos de 1900 como un elixir cercano a una medicina iba a transformarse en una moda tan popular pero tan popular que es uno de los negocios más florecientes del país. No hay dudas de que es rica la fórmula sino no sería tan popular, pero bueno, todo a su medida, que el placer no se transforme en un disgusto. Que cuando uno diga salud, sea salud de verdad. A propósito: a un amigo mío medio morocho le dicen Fernet Branca, negro, amargo y se cree el mejor.

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