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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 13 de Setiembre de 2018

El pulgar

Ya hemos hablado mucho de la importancia que revisten las manos en la vida del tipo, inclusive nos hemos referidos a las funciones, habituales, de sus inquilinos permanentes: los dedos.

Entre las múltiples acciones en las que se ven inmersas las manos está la de saludar. Hay distintos tipos de saludos, el de la mano agitada, el de la mano unida a otra mano (tipo Alfonsín en sus mejores tiempos), el de la mano extendida para ser estrechada por la mano de otro y en tradicional saludo vendimial que es como si las reinas estuviesen borrando un pizarrón involuntario.

Generalmente el saludo implica buena onda, salvo que aparezca una mano con el dedo medio extendido, que más que saludo es un insulto y quiere decir que a ese dedo uno bien puede metérselo... Bué, ¿para qué incursionar en situaciones obvias?
Uno de los saludos más frecuentados es el que levanta el pulgar entre los otros dedos recogidos. Esta señal proviene de la antigua Roma, cuando el emperador debía decidir la suerte de aquel gladiador derrotado en la lucha, pulgar para abajo, chau gladiador; pulgar para arriba significaba que el gladiador se salvaba para que pudiera ser muerto en la próxima función. El circo romano, aparte del emperador, no tenía payasos.
Desde entonces viene esta costumbre de levantar el pulgar como señal de un buen deseo. Si los futbolistas están bien, entonces levantan el pulgar hacia el banco, que es como decir: que se siente ese que está haciendo ejercicios competitivos para reemplazarme. Minga por ahora.
Es más, ante la pregunta remanida que se produce en cualquier momento de un día: "¿Qué tal? ¿Cómo andás?", muchas veces se contesta con el pulgar apuntando al cielo. Es toda una respuesta, significa que todo anda bien.
Hasta emoticones se han inventado con esta imagen: el pulgar extendido, y cuando uno los recibe un mensaje de buena onda, de buenos deseos.
El pulgar ese que sirve para ratificar con un dedo la identidad de uno, es como si uno llevara la cara impresa en ese lugar, ese pulgar que aprieta los timbres, mata las pulgas, afilado con el índice, invoca la buena presencia de la buena guita es el que se levanta como el mástil de una bandera de buen gusto para transmitir buen gusto a algún semejante.
Nos sirvió para diferenciarnos de otras especies animales. El hombre con el pulgar estaba facultado para agarrar, "agarrar" es prender con las garras, asirse a algo. El hombre primitivo pudo entonces agarrarse a un palo o a un hueso o a una piedra y entonces inventó el arma. Desde entonces el mundo ha sido para aquellos que saben agarrarse mejor, a un puesto político por ejemplo. Desde entonces el mundo tildó de agarrados a aquellos que no estaban dispuesto a ayudar que todo lo que tenían lo agarraban para sí sismos. Fue el dedo que permitió lo que llamamos la civilización si es que se la puede llamar de esa forma. Poder agarrar era poder hacer y poder hacer era poder crecer. Fíjense las implicancias que tiene este dedo que estamos analizando. Inclusive sirve para escribir esto que ustedes están leyendo con interés no me explico por qué. Porque, de no existir el pulgar yo no hubiese podido aprehender la birome con la que estoy escribiendo este esperpento.
Pero volvamos al saludo, el pulgar extendido, enhiesto, es un mensaje positivo que todo el mundo decodifica. Si hubiese un podio de los buenos dedos, en la cúspide, seguramente, estaría el pulgar.

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