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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 30 de Agosto de 2018

Cómo nos sentimos

¿Somos patriotas los argentinos? ¿Sentimos con intensidad la historia que nos ha traído hasta nuestros días? ¿Nos sentimos orgullosos de tal pertenencia? Parecería que tiene que existir algún campeonato ganado por la selección para que salgamos a mostrar nuestro sentimiento en celeste y blanco, y eso hace mucho tiempo que no ocurre.

He escuchado diatribas e inclusive insultos en contra del país, sin entender, tal vez, que el país somos todos, y de todos dependen sus defectos y sus virtudes. Noto, con agrado, que hay otros pueblos que celebran con intensidad sus momentos patrios. El 18 de septiembre veo la Plaza Chile llena de chilenos que viven acá o que nos visitan impregnados de su país y pienso: nosotros no celebramos de esa manera. Pienso en el 4 de julio del país que nos manda, me refiero a Estados Unidos y compruebo que es una fiesta magnífica que llega a todos los rincones de ese enorme país.

Nosotros aparecemos como apocados al respecto. Cantamos el himno a media voz, no usamos la escarapela a pecho abierto, que es uno de los símbolos patrios, no exhibimos banderas en casas o balcones como para uniformarnos de nosotros.
Me parece que nos falta exteriorizarnos, tal vez lo sentimos pero no nos preocupamos por mostrarlo. Somos un país, un grupo de personas que hemos decidido vivir en el mismo territorio y compartir las bondades y dolores que esa vida significa. Somos un país, una forma de ser iguales, de sentirnos cobijados por los mismos paisajes y los mismos horizontes. Sin embargo no lo expresamos al llegar el momento de festejarnos. Porque de eso se trata: de festejarnos, de hacer saber al mundo entero que estamos orgullosos de ser lo que somos por más imperfecciones que nos rodeen.
Como dije, he escuchado a gente hablar improperios en contra del país, es decir en contra de todos, los he escuchado subvalorar lo que somos y compararnos con otros países, donde, ellos dicen, la vida es mucho más amena y placentera.
Muchos optan por irse, y está bien, los pasos son de cada uno y cada uno sabe adónde dirigir sus pasos, pero me duele que se vayan enojados con la patria, porque de eso se trata, de un enojo con la Patria con todo lo que significa.
Tenemos una historia rica en matices de triunfos y sacrificios, tenemos mujeres y hombres que han honrado la argentinidad y nos han hecho crecer con sus logros, tenemos un territorio inmenso poblado de maravillas, y tenemos recursos. Tenemos una gente increíble, que algún día le va a dar una buena sorpresa el mundo entero. Nos cuesta soportar gobiernos que no logran encarrilar el tren en el que vamos todos, pero no por eso tenemos que denostar al tren.
Allá por mayo el almanaque nos sacude con el 25, cuando unos osados, allá en 1810, dieron el puntapié inicial para crear lo que somos hoy. Es, junto al 9 de julio, uno de los dos días más argentinos. Sin embargo les falta, a esos días, el fervor de su gente. Les falta a nuestras gargantas el grito sagrado. Esa voluntad que viene de bien adentro y de bien atrás de decir: “Soy argentino y me siento orgulloso de serlo”. Somos una posibilidad en el mundo, pero una hermosa posibilidad.
Hay una canción que habla de la “Argentina al palo”, que quiere decir que disfrutamos de nuestro ser esencial hasta la mínima célula. No sé, me da la sensación de que algunas células no reconocen al celeste y blanco.


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