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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 9 de Agosto de 2018

Los tiempos cambian

El título es una perogrullada. Dicen que existió alguna vez un personaje del conocimiento popular llamado Pedro Grullo, encargado de decir verdades tan conocidas que decirlas es hacer una afirmación trivial. Fue Francisco de Quevedo el que uso primero el término perogrullada en su libro “Los sueños”: “Andarase con los pies / volarase con las plumas / serán seis dos veces tres / por muy mal que hagas la suma”.

Mi perogrullada de hoy dice “Los tiempos cambian”, y es una redundancia, todo tiempo es cambio y si uno nota el tiempo, sea el de los relojes, el del clima o el de la vida cotidiana, es el cambio su principal naturaleza de ser. Lo que podría ser notable es, a la velocidad que cambian los tiempos. Hace ciento cincuenta años no teníamos aviones, ni autos, ni radios, ni televisores, ni teléfonos y unas decenas de “ni” que ahora abundan por todos lados.

El teléfono celular es uno de ellos. ¿Qué pensaría Alexander Graham Bell, que allá en 1837 patentó el teléfono en los Estados Unidos, de las variantes y los alcances que ha logrado su invento a través del tiempo? Seguramente se sorprendería mucho a pesar de ser un inventor destacado que atisbaba descubrimientos futuros.
El teléfono celular ha contribuido a las comunicaciones del ser humano y ahora, entre algunas de sus particularidades, sirve para hablar. Pero también sirve para contar, para hacer trámites, para sacar créditos, para jugar, y para tramar con un conjunto de amigos los grupos que hoy pueblan las llamadas redes sociales. Que son varias y hay para todos los gustos.
La información llega de una manera inmediata a receptores que están a miles de kilómetros y entonces uno se entera antes por las redes que por los medios convencionales. Se ha creado un nuevo sistema de comunicación y es usado hasta el hartazgo.
Es lo bueno del sistema. Lo malo es que se lo utiliza para cuestiones tan abyectas como la pornografía (incluyo el horror de la pornografía infantil), y difamaciones con nombres y apellidos que ponen en boca de todos a personajes (generalmente famosos) sin prever cotejar el dato que se tiene con la realidad.
Que aparezcas en las redes por haber hecho algo reñido con la moral es que te quemen en público, no importa si lo que dicen los mensajes es cierto. Y esto transforma malamente la vida de muchas personas que lo único que hicieron fue destacarse en algo.
En estos momentos andan por las redes acusaciones que no tienen ningún fundamento pero encuentran eco propicio, campo propicio, en los habitantes de las redes para transformarse en el neologismo “viral”.
Pero además de todo esto, el celular está cambiando los paradigmas de la educación. Antes eran los padres, en una etapa de la vida del mocoso, los que le daban lecciones mínimas de vida, instrucciones para encarar ese camino que lo estaba aguardando; ahora, con respecto a los celulares son los pibes los que le dan clases a mayores. Porque tienen una especialización que les viene de cuna, ya a los tres años manejan códigos que a los mayores de cincuenta se nos hace difícil entender. Actúan con los aparatos con velocidades increíbles, sacan fotos y videos a destajo, ven series que uno no encuentra en televisión y se mandan mensajes aún sin haber aprendido a escribir. Y nosotros tratando de acertarles a esos teclados mínimos sin suerte porque nuestro dedo abarca al menos tres letras y el teclado no sabe cuál letra elegir.
Sí, los tiempos cambian, por eso ante un nacimiento, uno puede escuchar la voz de un abuelo diciendo: Menos mal que nació el pibe ahora me va a poder enseñar cómo manejar WhatsApp.

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