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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 2 de Agosto de 2018

Micros

Horas en la parada, no le miento le digo que a veces ha esperado horas. Y allá viene, pero no viene, porque no es el que entra al barrio, y a apoyar de nuevo las asentaderas en el cordón de la vereda que es más duro que chorizo de mármol, y a seguir esperando mientras sus recuerdos le traen el concepto de lucro cesante que no sabe bien qué es, pero que tiene que ver con perder el tiempo sin que nadie se haga cargo de la pérdida.

Pero lo peor le ocurre cuando no viene y se le hace la hora de entrada al laburo. El tipo se pone nervioso porque él hizo todo bien, se despertó a tiempo, se vistió a tiempo, desayunó a tiempo, estuvo a tiempo en la parada, fueron otros los que se demoraron, pero seguramente al que lo van a mirar mal en el laburo es a él, porque la demora tiene cara de él y no de  otros.

Cuando viene lleno es más incómodo que dos orzuelos en el mismo ojo, porque no caben, no cabe un alfiler de canto mirá si va a caber una persona más. Esa ley de la física que dice que el lugar que ocupa un cuerpo no puede ser ocupado por otro es mentira, la anatomía de los otros, forma parte de la anatomía del tipo  y muchas veces  termina rascándose picaduras que no le pertenecen.
Viajar sentado es más llevadero, si el asiento no te pincha, o no se hunde, o no se corre, y si la ventanilla está bien, y no te derrite de sol en verano y te transforma en Walt Disney en invierno. Pero entre los viajantes sentados están jóvenes bien preparados para hacerlo de pie, que disimulan para no ceder el asiento a alguna dama cercana: se hacen los dormidos, leen cualquier panfleto, miran por la ventanilla constantemente desentendiéndose de lo que pasa en el interior. Muy solidarios los vagos.
 Viajar parado es algo más embromado porque uno no puede controlar la inercia y en las frenadas y en las aceleradas al tipo se le va organismo a cualquier parte y tiene que pararlo con algo, con otro cuerpo, con un bolso, con un hierro, con una lata, con algo.
Bajarse en la parada que le corresponde si el micro está lleno es una fortuna de las estadísticas. El tipo tiene el 5% de posibilidades de bajar en la parada que corresponde, y el 15% en la más próxima. El ambiente adentro es un ambiente familiar, o deportivo, casi de camarines de fútbol después del tiempo suplementario, pero bueno, no todo puede ser Paco Rabanne en esta vida. El problema es cuando los gases de combustión, que más bien parecen ser tormentas de combustión, se meten adentro, porque en algún momento se meten adentro, el tipo siente que debe respirar pero que respirar no le va a hacer bien. Uno termina mandándose pa adentro los últimos residuos de la ganancia de  YPF.
El tipo sufre esto dos veces por día, a veces cuatro, a veces más, y el tipo es un tipo y no un animal. Señores que están tratando el tema de los micros, ustedes no viajan en micro, así que resuelvan pronto este asunto porque hay muchos que están cansados de ser llevados como ganado en pie. Resuelvan pronto este asunto, si no lo hacen por los que viajan, háganlo por la vida, que también es pasajera. Resuelvan pronto este asunto porque la dignidad está embarazada y sería del todo amable que ustedes le cedieran el asiento.
En la esquina por favor.

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