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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 19 de Julio de 2018

Hoteles alojamiento

Realmente se están produciendo grandes cambios en nuestro país, los argentinos estamos cambiando rápidamente nuestras costumbres. La crisis que nos agobia ha cercenado la posibilidad de darnos algunos gustos como ocurría en el pasado.

El hotel alojamiento fue durante años un ícono de la pasión argentina. A tal punto que mereció nombres significativos en el argot popular: “telo”, “bulo”, “matadero”, “mueble” y otros un tanto más groseros. Hubo muchas películas nacionales que tocaron el tema desde aquella famosa “La cigarra no es un bicho”, que fue muy criticada porque Sandrini decía en un momento “¡Que pelotudo!”. Si Sandrini escuchara las cosas que se dicen diariamente en la programación de la tele y de las radios se sentiría un bebé de pecho.
Los chistes sobre hoteles alojamiento son abundantes, como aquel que contaba que un gallego estaba en uno de estos sitios cuando lo llama su mujer por el teléfono celular y el gallego dice: -¡Sonamos! ¡Me descubriste! ¿Cómo sabías que estaba en este hotel?
Últimamente han aparecido informes alarmantes sobre el estado de bancarrota en la que se encuentra este tipo de empresas. Yo sé que usted podrá decirme: me importa un pito todo esto, pero bueno, precisamente de eso se trata. Hasta en un sesenta por ciento ha bajado la clientela de los hoteles alojamiento y algunos ya han encarado promociones desesperadas, del tipo: Venga a ver el fútbol codificado y si gana festeja. Si viene con su mujer le regalamos el champán. Si quiere venir solo y echarse una siestita, igual lo recibimos. Si prefiere venir con su familia tenemos juegos de mesa e internet.
Sin embargo el sistema no está dando los frutos esperados y hay muchas casas que han cerrado sus puertas por falta de practicantes.
Yo sé que esto tiene que ver con la situación económica y el cambio de hábito en los intervinientes. Pero, ¿qué está pasando con la virilidad del macho argentino y sus ostentaciones carnales?
Por un lado existe un cambio de costumbres. Las parejitas jóvenes de hoy prefieren refugiarse para tales menesteres en sus propias casas y que la madre les sirva el desayuno, por otro lado la situación económica lleva a simplificar el asunto y entonces todo lugar es bueno, si hasta se ha rescatado aquel célebre zaguán donde se producían los fogosos adioses de las parejas.
Si hasta las “villas cariño” están perdiendo su preponderancia y eso que los autos vienen cada vez más confortables y los asientos más reclinables.
Pero esto otro, este informe lapidario de la crisis institucional por la que están atravesando los telos, es algo que debe alarmarnos. ¿Es que ya no vamos a ver las lucecitas rojas en las fachadas? ¿Es que dejaremos de ver las cortinas de listones de plástico en sendos portones? ¿Es que la Luna terminará siendo nada más que nuestro satélite natural? ¡Alerta argentinos! Estamos perdiendo una de los símbolos de nuestro machismo y no podemos entregarnos así, simplemente subiéndonos definitivamente el cierre del pantalón. Salgamos a luchar junto al sexo puesto. Convoquemos para esta gesta de rescate de nuestra estirpe mueblera a nuestros amigos de ley, aunque mejor que tener un amigo de ley es tener una amiga de ley, ya que hecha la ley… je, je, je…



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