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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 21 de Junio de 2018

El arquero

Ya hemos hablado, en notas anteriores, de la importancia de las manos en la vida del tipo y de las características de cada dedo. Si nos metemos en el campo deportivo las manos son protagonistas de una gran cantidad de disciplinas.

Jueves, 21 de Junio de 2018

El básquet se juega con las manos; el vóley, el handball, el rugby, el tenis, y así podríamos hacer una lista medianamente importante con las manos como protagonistas.
El único deporte que no utiliza las manos es el fútbol, que es el deporte más popular, por lo que uno deduce que el tipo es más proclive a agarrarse a las patadas que a acariciarse. En el fútbol todo es de los pies, salvo por dos excepciones, una minúscula y otra mayúscula: el saque lateral, y la tarea del arquero.
El arquero es el futbolista más sacrificado de todo equipo. Está solo debajo de esos tres palos que le sirven de albergue a los goles que él tiene que evitar, debajo o cerca, pero no muy lejano a ellos. Su tarea es impedir que los contrarios concreten y en esto suele jugarse toda la extensión de su ser. Varias veces en un partido anda a los revolcones por el planeta provocándola a la Ley de la Gravedad y propiciando un crescendo de moretones en su cuerpo. El tipo tiene que impedir de todas maneras que la pelota impulsada por un contrario se meta adentro del arco con convicción de red y para eso debe poner en juego sus vidas.
Es el único jugador que puede jugar con las manos y son esas manos las salvadoras ante cualquier invasión de los enemigos con pelota dominada. Son los jugadores pájaros porque en algún momento quedan suspendidos en el aire tratando de alcanzar algún balón que les llega con pretensión de ángulo.
Cuando algún delantero adversario se posiciona solo frente al arco el arquero debe poner en funcionamiento la totalidad de su anatomía para evitar que la afrenta se concrete, entonces se lanza a los pies del rival tratando de alejar la pelota como sea, con las manos, por supuesto, pero también con las piernas, las rodillas, los codos, el pecho, los brazos y en algunos casos hasta la cabeza.
Son los últimos a vencer. El equipo rival tiene como finalidad ganar el partido y para eso es necesario que venzan al arquero. Es entonces el arquero el máximo responsable cuando las cosas no salen bien y los otros ganan.
Si hay una palabra a la que los arqueros temen esa palabra es goleada, porque que les hagan un gol o dos, bueno, vaya y pase, pero que lo perforen cuatro, cinco, seis o más veces es una afrenta muy difícil de soportar, de digerir y de vencer con pastillas ansiolíticas.
Han existido arqueros muy importantes en el mundo del fútbol. Tal vez el ruso Yashin sea una de las figuras excluyentes de esta profesión que consiste en hacerse pelota para que la pelota no entre. Pero rara vez son considerados por los especialistas en determinar a los jugadores importantes de una lid. La mayoría del mérito se lo llevan los delanteros, que son precisamente los encargados de vencer a los arqueros. Pero no hay arquero invencible. El arco es muy grande, cuesta cubrirlo con un cuerpo humano. Son 7,32m de largo  y 2,44m de alto y por algún lado, resquicio, hendija, se puede colar el esférico.
Sin embargo una salvada a tiempo, una estirada oportuna, una salida coherente puede evitar la anotación del rival y esto debería ser considerado como un gol a favor.
Sí, los arqueros son los grandes héroes de los grandes triunfos. Hay atajadas que son memorables, impresionantes, que bien merecerían tener espacios especiales en los espacios especiales. Ellos trabajan con las extremidades, por eso, ni durante, ni después del partido, se lavan las manos.
El arquero: el que a pesar de que sea un verano intenso, igual usa guantes.


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