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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 17 de Mayo de 2018

Inconvenientes del invierno

Todavía falta un toco de almanaque para que lleguemos al invierno pero ya el otoño le está cediendo su termómetro a las temperaturas bajas.

Jueves, 17 de Mayo de 2018

No sé si debido al calentamiento global o al calentamiento de los ánimos de la población por los aumentos de cada mes, los últimos inviernos no han sido lo suficientemente crueles como solían serlo en aquella época de los sabañones y del agüita escarchada de los charcos. Pocos días tuvieron su temperatura por debajo del cero y no existieron esos días en los que uno tiene ganas de sentarse sobre la estufa. Pero seguramente el frío se hará presente en esta zona del país con clima desértico y vegetación xerófila.
Y por supuesto, como estación extrema, el invierno trae sus inconvenientes. Por empezar, por el lado de lo económico, el invierno es más caro, tal vez porque uno está más tiempo adentro y entonces gasta más agua y electricidad, seguramente por los aparatos aportadores de calidez que consumen mucho más gas y eso se ve reflejado en las facturas que llegan y que tienen la misma propiedad que los aparatos aportadores de calidez: también calientan.
Pero hay un montón de actividades en las que el invierno incide y no favorablemente. A uno le cuesta mucho más levantarse de la cama en las mañanas. La cama está tibia producto de nuestra propia acción y contrasta con las nubecitas de aliento que nos salen cuando sacamos la cara de debajo de las cobijas. Entonces el hecho de abandonar el confort para entrar en zona inhóspita es todo un trauma que deberían tratar los psicólogos con mayor atención.
Otro sí digo: uno tarda más tiempo en vestirse. Es lógico, tiene que echarse encima cosas abrigadas que le permitan transitar por la intemperie sin que le castañeteen los dientes y entonces se demora. Se echa encima cuanto cree que le será necesario lo que le lleva varios minutos en preparativos.
Por lo tanto uno pesa más, y no puede desprenderse de eso porque uno tiene que llevarse a sí mismo con todos los aditamentos que se ha puesto encima del cuerpo. Se nos hace más dificultoso el caminar y si nos toca andar cuesta arriba el esfuerzo es realmente considerable.
Esperar el micro puede ser una tortura, porque, salvo en casos pequeñamente casuales, el micro se demora en llegar y uno debe estar largos minutos (los minutos son más largos en invierno) en esa especie de refugio que son los paradores que no te refugian de nada, porque si te agarran uno de esos días con viento polar, no hay acrílico que te salve.
Cuesta más ducharse. Está bien que el agua nos espere caliente y su caricia sea reconfortante, pero el hecho de desnudarse hasta el apellido para entrar bajo a la ducha debe ser uno de los momentos más difíciles de todo invierno. Aunque no haya frío en el baño que nos alberga uno se ve desnudo y siente frío, es un frío mental que no se corrige poniéndose la toalla como abrigo.
Sé que me estoy olvidando de otros inconvenientes tan molestos como los detallados, pero quiero detenerme en uno más: nos sobran bolsillos: los bolsillos del pantalón, los bolsillos de la camisa, los bolsillos de la campera, los bolsillos del sobretodo, hay una superabundancia del bolsillo, y entonces uno no encuentra las llaves del auto o las llaves de la casa. Sabe que las tiene pero no sabe en qué bolsillo y la búsqueda puede llevar a niveles interesantes de desesperación.
Todavía no llega el invierno, pero ya podemos comenzar a prepararnos, el frío, como los impuestos, nos llega a todos.