El diario gratuito de Mendoza

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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 10 de Mayo de 2018

Endeudamiento

Un “deja vú” es un tipo de paramnesia del conocimiento de alguna experiencia que sentimos como si la hubiésemos vivido anteriormente. Uno entra a un lugar adonde nunca ha entrado y se dice: yo ya estuve aquí. 

Jueves, 10 de Mayo de 2018

Uno concurre a una reunión y le parece que ya ha estado antes en esa reunión. Nos ocurre frecuentemente con las cuestiones mundanas del tipo, en lo cotidiano, en lo habitual. Pues parece que ahora también ocurre con la seconomía nacional.
Es indudable que al gobierno no le alcanza la plata, lo recaudado en nuestro país es sólo una parte de lo que el país gasta para que siga funcionando el país (lo de “siga funcionando” es una expresión de deseos). No hay caso, doña Gertrudis, es como a usted le ocurre, lo que gana su marido más lo escaso que junta usted, no es suficiente para bancarse los días, entonces uno recurre a alguien que le facilite algunos mangos para ir tirando, es decir, se refugia en un crédito.
Al parecer las previsiones que tenía el gobierno con la seconomía estaban más equivocadas que Messi jugando para el Real Madrid. Fueron promocionas como logros, pero lo logrado estaba a pocos pasos de la utopía, entonces sólo eran buenas intenciones. Pero a las buenas intenciones hay que bancarlas, las buenas intenciones en un país cuestan millones de mangos y al no poder cumplirlas quedan solo en promesas electorales.
Promesas que ya nadie cree, porque ¿Cómo vamos a lograr, por ejemplo, pobreza cero en el futuro si tenemos que pedir guita para pagarnos la hora en que vivimos?
Muchas veces el país se quejó de la dependencia de organismos multinacionales como el Fondo Monetario Internacional y fue un propósito de generaciones de argentinos, que no le pidiéramos más favores, es más,  que no tuviésemos deudas con ellos. Porque “ellos” no prestan por prestar nomás, prestan con condiciones. Está bien, yo te les doy la guita pero ustedes me hacen esto, eso y aquello y entonces es como si nuestros gobierno co gobernaran con el Fondo.
Son préstamos con intereses, no sólo intereses en porcentajes de plata, sino con intereses de que en un país determinado (el que le hizo el pechazo) se apliquen las normas de conducción que el prestador pretende. Va a hacer una casa, pero me pone el baño allá, no muy grande, el dormitorio acá, el patio adentro y va a tener que pagar las tarifas que nosotros pensamos que corresponde. Es como si el padre le dijera al hijo: - Está bien, yo te doy plata para comprar caramelos, pero yo te voy a decir qué caramelos vas a comprar.
Durante mucho tiempo el país pidió terminar con la dependencia, la dependencia es incómoda, nos pone una manea en las piernas y entonces no podemos caminar libremente.
Este mismo gobierno, proclamó a viva voz, su intención de terminar con la deuda externa y lo hizo, lo  que se le contabilizó como un poroto a favor. Pero resulta que ahora, obligado por los problemas que seguramente parten de su propia ineficacia, le pide nada menos que 30 mil millones de dólares al Fondo Monetario Internacional.  El mismo organismo que denostamos varias veces y con varias manifestaciones.
Es como un “deja vú”, doña Gertrudis, esta película ya la vimos, ocurre que hubo un intermedio en la proyección y todavía no llegamos al final, y uno tiene, la tremenda sensación de que el final no ha de ser bueno para nosotros.