El diario gratuito de Mendoza

de de

Mendoza

Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 3 de Mayo de 2018

Lucro cesante

Hay esperas que son insoportables. Algunas acotadas como por ejemplo la espera del sueldo. Uno sabe que se lo van a pagar pero hasta que ocurre el hecho uno entra en estado de espera urgido. Uno espera que lo asciendan en el trabajo pero ocurre el ascenso de otro que a nuestro juicio no merece esa distinción como sí la merece uno.

Jueves, 3 de Mayo de 2018

El diccionario de la RAE encuentra varias definiciones para la palabra: expectativa, expectación, dilación, permanencia, estancia, demora, retraso, aplazamiento, parada, prórroga. También paciencia, aguante, calma. No incluye las palabras torturas, sacrificio, embole, pena, cansancio, indignación que también tiene que ver con las esperas.
Sobre todo cuando la espera es provocada por personas, u organismos, o instituciones a las cuales uno debe requerir imperiosamente. Hay esperas en reparticiones públicas, en bancos, en consultorios médicos, en hospitales, y varios etcéteras más. Lo más interesante es que ahora han aparecido cartelitos que dicen: “Su tiempo de espera no debe superar la media hora”. Ajá, andá a contársela a Gardel. Uno va al banco a las diez, saca un número y se va a hacer otros trámites porque sabe que la espera es inevitable. Hace los trámites y cuando vuelve al banco, dos horas después de haberse ido todavía le faltan quince números para que le toque. Un despropósito.
Hablé de consultorios médicos y esta es una espera más infame. Porque uno va al médico a hacerse ver y absolutamente dispuesto a pagarle la visita. Y se tiene que comer un garrón de dos horas hasta que lo atiendan. Es una cuestión de orden. Al parecer en la Facultad de Medicina no dictan la materia “organización de turnos” porque no saben manejar el tema, o tal vez se escudan en la indiferencia, y se dice por sus adentros: “Ma sí, si tienen que esperar, que esperen. No es fácil entrevistarse como una eminencia como yo”. Algo de esto puede haber.
Uno ve a los que esperan sentados en el banco con una paciencia abismal encima y una cara de pregunta: “¿Por qué me toca esto a mí, ah?”. Están ahí casi inmóviles esperando que la movilidad de los cajeros los favorezca en algún momento. Para colmo no podés abrir la computadora ni te permiten usar el celular, entonces la espera se transforma en algo que llega a doler, mire lo que le digo, por lo menos le duelen los glúteos de tanto estar sentados. Por lo menos en los consultorios te ponen como consuelos revistas del año de ñaupa, año en que Mirta Legrand celebró sus quince años, pero, bueno, ayudan a sobrellevar la demora.
El término que nos perjudica es el llamado “lucro cesante”. Me voy a remitir a la definición de los libros: “Lucro cesante  es una forma de daño patrimonial que consiste en la pérdida de una ganancia legítima o de una utilidad económica por parte de la víctima o sus familiares como consecuencia del daño, y que ésta no se habría producido si el evento dañino no se hubiera verificado”.
La hora de cada tipo está valuada, tiene un valor. De acuerdo al trabajo que desarrolle y a la paga que le asignan cada hora vale. Y aunque no tenga trabajo alguno una hora es vida, es toda la hora vida, y eso significa algo muy importante. No pueden robarnos así la posibilidad de ir a vivir esa hora a un lugar más grato. ¿Quién paga el dinero perdido en esas esperas? ¿Cuánto le cuesta al país tener a decenas de miles de argentinos sin producir?
Lucro cesante, deberían estar cesantes aquellos que practican el sistema.