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Jorge Sosa sosajorgeluis45@gmail.com Jueves, 29 de Marzo de 2018

Tolerancia

La tolerancia es la capacidad que tiene un organismo para resistir y aún aceptar el aporte de determinadas sustancias, en especial alimentos o medicamentos, dice Wikipedia muy suelta de informe. Por ejemplo la tolerancia a la penicilina o al gluten. Pues en nuestra sociedad actual existe un bajísimo umbral a la tolerancia de la frustración.

Jueves, 29 de Marzo de 2018

Y no sólo eso: tolerancia es la actitud de las opiniones, ideas y actitudes de los demás aunque no coincidan con las propias. El ser humano es un individuo, individuo es una palabra que viene de individual. Individuo es una palabra que proviene de indiviso, que no se puede dividir. Somos una persona. Persona proviene del teatro de los antiguos griegos. Como ellos no tenían micrófonos ni usaban bocinas para amplificar la voz, se valían de distintos tipos de máscara para manifestar sus estados de ánimos. Cada uno de nosotros tiene su máscara, su cara. Jacques Prevert, el famoso actor, poeta y guionista francés, dijo alguna vez que la muerte es una cara que no se repite.

Cada uno tenemos una máscara especial que nos identifica. De persona viene personalidad y ese es nuestro color de identidad, diría el siempre recordado Facundo Cabral. Por lo tanto hay tantas personas y personalidades como habitantes en el mundo. Puede que haya mellizos que son iguales de cara pero no de acciones, sentimientos y opiniones. Cada uno tiene la suya. Por lo tanto, si el mundo tiene, como dicen, más de siete mil millones de habitantes, hay siete mil millones de formas de ver el mundo, de entenderlo, de describirlo, se sufrirlo, de asimilarlo.

¿Qué sería del mundo si los siete mil millones de habitantes pensaran lo mismo? Si ocurriera este imposible seguramente no habría guerras. Todos tenemos nuestras opiniones que fueron armándose por educación, por cultura, y por observar el mundo. Por lo tanto es altamente probable que no encontremos otra persona que piense exactamente igual a nosotros; puede pensar parecido, pero con variantes y en esas variantes ocurren las diferencias. Son las diferencias las que nos llevan a agarrarnos de los pelos con otros de nuestra misma especie, nos peleamos, nos denostamos. Es decir aquí arranca el término intolerante.

No podemos aceptar, no aceptamos de hecho, que haya personas que piensen distinto que la persona que somos, que tengan máscaras diferentes. Es decir, no aceptamos lo que es una característica de las sociedades: la diversidad y la variedad de puntos de vista. Todos tenemos el mismo derecho a pensar, pero no hay nada que nos obligue a pensar exactamente como nuestro vecino. La tolerancia es más escasa que dólar celeste.

Y está en la diversidad, en las distintas opiniones y la tolerancia ante las diferencias la que haría de este mundo un mundo mejor apenas comenzáramos a aplicarla.

Uno puede no estar de acuerdo con un gobierno, por poner un ejemplo cercano, pero debería aceptar la existencia de gente que sí está de acuerdo y tiene sus fundamentos para estarlo. Tiremos sobre la mesa de discusión las diferencias pero con el objetivo, sino de eliminarlas, de demostrar que respetamos lo diferente. No pensar igual, eso es imposible, pero tener el mismo objetivo: el bienestar de todos. No sería mala idea.

Sería bueno vivir en un país con millones de opiniones diversas pero un solo objetivo: respetar las millones de opiniones que no compartimos. ¿Qué tal si probamos?