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Jorge Sosa sosajorgeluis@yahoo.com.ar Miercoles, 7 de Febrero de 2018

Chau, Milka

¡Qué mujer, por favor! ¡Cuánto talento reunido! ¡Qué manera de sembrar alegría para que cosechen todos! Si hablamos de radio en Mendoza, Milka debe estar en el pináculo, en lo más alto. Tenía una capacidad de adaptación realmente notable.

Hemos sido compañeros desde que un día a los dos se nos ocurrió hacer un sketch de una bruja: La Lechiguana. Se hizo tan popular entonces que todos los días a su hora usted podía ver a conductores de autos riéndose solos. Estaban escuchándola. Pero más allá de los libretos, su don de la improvisación estaba siempre presente y te hacía revolcar de la risa, con una salida ingeniosa, con un pensamiento divertido.

Durante nuestro trabajo juntos escribí para ella más de sesenta personajes y todos los hizo con una soltura, con un nivel de recreación que llamaba la atención. Ella, que provenía del radioteatro, no dejó de ser actriz nunca, y en cada una de sus intervenciones se notaba que tenía en su voz espléndida algo diferente.

Sin embargo, su aspecto más notorio era la solidaridad. Con sus compañeros, con su audiencia, con todos aquellos que necesitaran un gesto de alivio desde la radio.

Nunca salió de la pobreza, entró a la radio siendo pobre enteramente y se fue en condiciones parecidas. Sin embargo, su forma de ser nunca dejó traslucir sus carencias. Ella colgaba sus problemas en la puerta de entrada al estudio y entraba a volcarse entera, a darse entera, hasta el menor de sus suspiros. Y no solamente frente al micrófono. Cuando en los pasillos de la radio había algún jolgorio significativo es que seguramente tenía origen en la Milka.

Siempre sostuve que era Récord Guinnes porque entró a trabajar a la radio cerca de los diez años y se quedó en la radio para siempre, hasta sus últimos días. No creo que haya otra mujer en el mundo que haya hecho tanto micrófono como ella.

En sus primeros tiempos las mujeres que trabajaban en la radio no tenían muy buen concepto de la sociedad. Eso la llevó a adoptar un seudónimo. Porque en realidad su nombre es Sara Ofelia Carmona. Vio una película de Mirtha Legrand donde la diva hacía un personaje apellidado Durand, y lo adoptó, y Milka lo agregó después, por la amistad que tenía con una compañerita del colegio que así se llamaba. Entonces pasó a ser siempre Milka Durand, aunque la mayoría la conocía por su personaje más famoso: La Lechiguana.

¡Qué mujer, por Dios! ¡Cuánto talento! ¡Cuánta alegría! Hoy Mendoza tiene el rostro entristecido, se ha ido una de las personas más queridas de nuestra sociedad. Pero a ella no le gustaría que brotaran lágrimas de los ojos de los que la amamos, le gustaría que la sonrisa siga brillando en cada rostro y que todo lo que hagamos lo hagamos en nombre de la alegría.

Se fue Milka Durand, o subió a ocupar su sitial entre los grandes de Mendoza. Gracias Milkita querida. Estuviste con nosotros hasta hace unos días nomás y postrada y todo, seguiste mostrando tu espíritu noble y generoso.

¡Qué mujer, por Dios! Que no paren los aplausos… que no paren jamás.

 

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