Mendoza,

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Jorge Sosa

Día de los inocentes

Si bien el origen de este día es espantoso, es usado año a año para hacer distintas bromas.

28/12/2017

La palabra inocente tiene muchos significados: es inocente aquel bueno que es incapaz de hacer un daño o procurar algún perjuicio a otro ser humano. Es inocente ese al que cree a pie juntillas en todo lo que se dice: en este significado puede aplicarse el sinónimo de “crédulo”. Es inocente aquel que ha participado en un hecho medianamente delictivo y la justicia encuentra que no le cabe culpa alguna. Es inocente aquel que está libre de malicia y en este mismo sentido puede usarse la palabra “ingenuo”.  Y es inocente el niño que aún no ha llegado a tener edad como para contraer responsabilidades, condición que se alcanza, en la religión católica, con la bendición, en ese caso vale la categoría de “bendito”.

No sé por qué jodemos con el día de los inocentes si en realidad el origen de ese día es un crimen espantoso. Recordemos al menos someramente: nacido Jesús llegaron los reyes magos hasta Herodes que era el rey de la época diciendo: “¿Dónde está el que ha nacido, el Rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”. A Herodes se le sublevaron las neuronas con dicha confesión, se turbó, se vio amenazado en sus pretensiones de eternidad. Herodes no podía permitir que eso ocurriera (aunque ya había ocurrido).

Preguntó el lugar del Nacimiento, los reyes le contestaron:  “En Belén de Judá, pues así está escrito por el profeta”. Quiso Herodes engañar a los Reyes diciéndoles: “Cuando lo encontréis avisadme, para que vaya yo también a adorarlo”. Pero los magos adivinando las malas intenciones de Herodes, encontraron al niño, lo adoraron y regresaron a su país sin ver al Rey, quien quedó a la espera de las noticias, que nunca le llegaron.

Herodes se enojó violentamente y mandó matar a todos los niños de Belén de dos años para abajo, para terminar con la amenaza que significaba el Mesías. José fue avisado por un ángel: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te avise”. Así se salvó Jesús.

El día de los inocentes recuerda, a la distancia, aquella horrible matanza. No sé en qué momento esta tragedia se transformó en broma, en chanza, en tomada de pelo, pero así es. Ahora está más atenuado, más liviano y en muchos lugares pasa inadvertido, pero en otras épocas era fuerte el motivo como para que se hicieran desde las cargadas más pesadas hasta las más tontitas.

“Tenés una araña en el pelo. Ja, ja, ja…que la inocencia te valga”. “¿Viste que Macri le va a pagar el 82% móvil a los jubilados? Ja, ja, ja, que la inocencia te valga”. “Acordate que me debés 50 mil pesos. Ja, ja, ja, que la inocencia te valga”. Porque el cierre de la joda era ese: que la inocencia te valga.

La inocencia se tomaba entonces como un estado de pureza, una falta de malicia o picardía, un salame, bah. Algunos dirían, mejorando tal vez mi definición, que inocente es cándido, ingenuo, confianzudo... Ahora, teniendo en cuenta las bromas pesadas que los últimos gobiernos han cometido con nosotros, y la esperanza que hemos fundado en ellos ¿no deberíamos decírnoslo a nosotros mismos? Que la inocencia nos valga. 

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