Mendoza,

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Jorge Sosa

Redes sin arco

Vamos a hablar de las redes, no tecnológicamente, porque al respecto tengo muy poco qué decir, soy un lego en esos menesteres, todavía no acierto a comprender, no digo a dominar porque sería una exageración, todos los secretos (secretos para mí) que encierra mi teléfono celular.

2/11/2017

A  veces siento que esta circunstancia es una de las que me aleja de la realidad que estamos viviendo. El mundo está cada vez más tecnificado y yo, cada día que pasa sé menos. Ya no sé si yo quedo lejos del mundo o es el mundo el que queda lejos de mí. Y a cada rato ocurren novedades tecnológicas que aumentan mi ignorancia.

Pero sí puedo hablar, como observador de esa nueva realidad que se está gestando, el tremendo impacto que en la sociedad actual produce.

Estrictamente, en su esencia, las redes no son malas ni buenas, son un modo de comunicación, por lo tanto los que las hacen malas o buenas son los que las utilizan para comunicarse.

Confieso que me he reído mucho con los “memes” de algunas situaciones cotidianas que le ponen buen humor a la vida. Confieso que me he sentido impactado emocionalmente cuando alguna campaña de solidaridad hace uso de internet para masificarse y lograr su propósito. Confieso que he conmovido por alguna poesía o alguna reflexión de vida.

Pero, por el otro lado, hay cuestiones que me impactan malamente. El exceso de pornografía me parece una forma de bastardear el sexo. Las difamaciones sin sentidos (y sin pruebas) son aspectos nocivos del tema.

Voy a referirme a dos hechos ocurridos en los último días: primero, las amenazas de Isis a ídolos del fútbol actual (entre ellos nuestro Messi) a los efectos de amedrentar a los que van a participar del mundial de Rusia. ¿Cómo se pueden sentir los mencionados cuando en una imagen aparece un soldado de negro con un puñal en la mano dispuesto a degollarlos? ¿Cómo no sentir miedo? ¿Cómo va a hacer Rusia para garantizar la seguridad de los jugadores y del público cuando una organización terrorista pone al mundial en su mira y lo publicita? Desde esta perspectiva va a ser todo muy imprevisible.

Y el segundo hecho es el video que subieron a las redes los chicos del Colegio San Buenaventura promocionando, precisamente, su fiesta de promoción. Es un despilfarro de atrocidades lo que muestran los alumnos de una escuela muy prestigiosa. Uno lo ve, se alarma y se pregunta ¿Todo lo que veo será verdad o se trata de una simulación que pretendió ser simpática? ¿Quisieron hacer una broma y la broma se les fue de las manos?

La duda queda y ha de quedar, pero está implicando no solo una responsabilidad de los autores sino también de los padres que no ejercen control, o no pueden controlar, o no saben cómo hacerlo.

La impresión es terrible y con esto no hay ley que pueda. Los pibes se nos están escapando de la mano y nuestras manos son cada vez más pequeñas. Ya no controlamos a los niños, ellos se alejan cada vez más de nosotros y este puede ser un camino sin retorno. ¿Llegaremos a una época dónde proliferen los “padres niños” y los “niños padres”?

No tengo nada en contra de las redes, pero comienzan a preocuparme mucho, aquellos que las habitan.

En las redes también caben los goles en contra.

 

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