Mendoza,

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Jorge Sosa

Elecciones

Al tipo le sucede el país, sufre las consecuencias de ser argentino, la guita no le alcanza para la subsistencia, menos para los lujos; lo asechan las responsabilidades con forma de impuestos; sabe, siente, que la salud y la educación tienen grandes agujeros de ausencia, y sin embargo va a votar ejemplarmente, cumple con la obligación a pesar del pesar, se vuelve a entregar a la esperanza.

26/10/2017

Es un tributo a lo imponderable, a lo que no depende de uno, pero más que eso, es una confianza casi desmedida en el sistema. La democracia, con todos sus defectos, está en funcionamiento y el tipo sigue confiando en ella. Es maravilloso.

Vi un señor mal aspectado, posiblemente en situación de calle, mirando, en un bar la pantalla de un televisor por donde se suministraban datos electorales. No sé cuál sería su preferencia pero me llamó mucho la atención su interés. ¿Qué podía cambiar para él el resultado? En lo inmediato en nada, seguirá siendo un abandonado del sistema, sin embargo él estaba interesado en el sistema. Es fantástico.

Posiblemente la resolución del acto electoral, que él observaba con ojos y espíritu atentos, le traiga peores situaciones, tal vez tenga más desamparo encima del desamparo, sin embargo confiaba en que lo que veía era bueno. ¿Qué veía? Más allá de un resultado veía un pueblo en acción, un pueblo confiado de sí mismo, porque eso es la democracia. ¿Te acordás Abraham? Del pueblo, para el pueblo, por el pueblo.

Son las elecciones la única situación en la que todos los integrantes de una comunidad nos dedicamos, en un día,  a hacer lo mismo, sin importar la situación de cada uno. Son las elecciones las que hacen tabla rasa con cualquier diferencia y tanto va a votar el que tiene un auto con varios ceros en su declaración jurada como aquel al que las alpargatas ya le piden una jubilación digna. Es la democracia la más concreta demostración de que todos somos iguales, de que todos valemos lo mismo.

Excelente experiencia ésta, la de sentir que ahí adelante está el carro y tiene en su parte posterior un espacio para cada uno, para que cada uno lo empuje. Maravillosa experiencia.

Sabemos de las imperfecciones que tiene el sistema, sabemos que a veces entroniza a gente que no está capacitada para ejercer la función que se le encomienda y sabemos que hay muchos que ponen su cara en la boleta de elección para intentar sacar réditos propios en el futuro. Pero no todos son así, hay algunos que realmente merecen el cargo, que tienen la templanza, la integridad, la solidaridad para ser elegidos. Uno solo de ellos derrota a todos los nefastos.

Sabemos que muchas veces las promesas se quedan en eso, solo en promesas y que la realidad nos dice que aquellos que vinieron a buscarnos para ser electos, después no vienen más, ni  a buscarnos, ni a pedirnos perdón por eso.

Sin embargo la gente sigue confiando, como diciendo: las imperfecciones no nos han de derrotar. Con la insistencia, con la reiteración, vamos algún día lograr que las elecciones sean, efectivamente, una forma de superarnos, de estar mejores.

Sabido es que las elecciones se realizan para encontrar resultados, pero hay un resultado superior a cualquier otro y es éste: el pueblo sigue confiando en el pueblo.

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