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Jorge Sosa

La fama no es puro cuento

Es que la gola va, y la fama es puro cuento, dice un tango que solía interpretar de manera impecable el gran Edmundo Rivero. La fama es puro cuento, está queriendo decir que la fama es fugaz, es engañosa y muchas veces nociva.

12/10/2017

Lo que ocurrió en Ecuador con el partido jugado por la Selección Argentina sirvió para muchas cosas: para darnos cuenta de que si se le pone ganas al asunto, se puede; para admitir que las críticas desmesuradas y exageradas, muchas veces se dan de narices con la realidad; para dejar tranquilos a más de cuarenta millones de argentinos (suponiendo que a todos les guste el fútbol). Y para estar en Rusia el año que viene en la competencia más encumbrada de este deporte.

Pero también sirvió para incrementar la fama de Lío Messi, si es que pudiera incrementarse más. Los elogios volcados después del partido del martes son en gran parte justos y en gran parte desmesurados. Algunos llegaron a compararlo con Dios,  y eso es, al menos, una falta de respeto.

La verdad es que la habilidad del petiso rosarino es increíble y se ha transformado, sumando récords y victorias, en uno de los jugadores más importantes de la historia del fútbol mundial, y tal vez lo aguarden nuevos y mayores lauros.

Anteayer vi algo que no había visto antes: que los habitantes de un país, muchos de ellos, no hincharan por su país sino por un jugador del equipo rival. Gran parte de los asistentes ecuatorianos al partido del martes no fueron a ver a su selección (ya eliminada del gran torneo), fueron a verlo a Messi y es muy probable que se hayan sentido contentos, admirados, encandilados por sus goles. Curioso, ¿no?

Ahora pongámonos en la piel de él. Yo sé que la fama, muchas veces, trae aparejada riqueza y Messi tiene un pasar de holgado millonario, pero ¿qué puede pasar por su cabecita de joven de 29 años con todo lo que le ocurre?

Por empezar no puede hacer una vida normal como cualquiera de nosotros. Puede tener una vida amplia en confort y en premios, pero no es una vida normal. No puede andar por las calles caminando libremente con su familia, paisajeando los lugares de la ciudad (de cualquier ciudad), porque apenas lo detectan se genera sobre él un enjambre de hinchas que no le permiten ver nada, ni siquiera a su familia. No puede ir a ver un recital de la banda de rock que lo emociona porque cuando la multitud lo descubre, se acabó el recital ahogado en un mar de fotos y autógrafos. Hasta le debe costar salir a la calle a sacar la basura porque puede haber algún vecino alerta.

Pero más allá de estos inconvenientes, la fama también crea responsabilidades. Un mecánico famoso no puede darse el gusto de que su auto falle en una carrera, por ejemplo, porque está poniendo en juego todo su prestigio. Es malo para la fama de un cirujano famoso que se le muera un paciente en pleno quirófano. Por eso Lío ha sido criticado (duramente) por algunas actuaciones en esta serie futbolística y clasificatoria, cuando en uno o dos partidos pasó desapercibido. Se le exige siempre un rendimiento máximo, una máxima efectividad, y el pibe es un ser humano y puede tener lagunas como nosotros las tenemos en el trabajo que desarrollemos.

No sé si él se dará cuenta de todo lo que representa, y no sé si lo sabe, si eso no le provocará al menos angustias existenciales. Porque hablamos de fútbol, el deporte con mayor convocatoria en el mundo entero. Un deporte de todos los países si tenemos en cuenta que la FIFA cuenta con más países integrantes que las Naciones Unidas. No sé si alcanzará a mensurar que sus espaldas (mejor sus piernas) sostienen toda la expectativa de un pueblo, que él es el responsable de darle una alegría a millones, y a fundamentalmente a millones que no tienen otra alegría más que el fútbol.

Si se da cuenta, si dimensiona tal realidad, no debe dormir tranquilo la noche anterior a cualquier partido de la selección. A veces la fama no es puro cuento, a veces la fama es una mochila de varias toneladas.

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