Mendoza,

de
de

 

Jorge Sosa

La mishiadura

El dinero es una cotidianeidad en nuestros días, más por su ausencia que su presencia. Los billetes son la materialización del dinero. Uno se mueve todos los días con los billetes.

31/8/2017

Si analizáramos el estado de los billetes argentinos todos coincidiríamos en que varios son desastrosos. El estado de los billetes de dos pesos es lamentable, además de poco sirven, o si me apuran, de nada. Se salvan los billetes de 200 (Ballena Franca) y los de 500 (Yaguareté) porque son nuevos pero ya van a caer, como todo billete argentino.

 El más usado, porque todavía para algo sirve, es el de cien. Hay dos, uno con la imagen de Evita y el otro con la caripela de Roca. De este último quiero referirme: no creo que Roca merezca ese homenaje, pero lo que más mas molesta (indigna) es el revés del billete donde aparece el Julio Argentino, con todo su estado mayor, dispuesto a ir a despachurrar pueblos originarios. ¿Cómo vamos a homenajear un genocidio? No lo entiendo. Sin embargo, para el consumo, hay que tenerlo en cuenta con sumo cuidado, porque es beneficioso tener al menos uno. Escribí una poesía al respecto:

Pensar que en Bariloche alguna vez

quisieron voltear la estatua de Roca con caballo y todo.

La estatua de Roca que está hecha de bronce,

por lo que se deduce que si hubiera un prócer

que se llamara Bronce

tendrían que hacerle una estatua  de roca.

Pensar que en Bariloche quisieron bajar su estatua

y yo me conformaría sólo con verle la cara

impresa en un billete de cien mangos.

 

¡Cuánto hace que no veo uno!

Últimamente ni a Mitre lo veo.

mis bolsillos sólo sirven para abrigarme las manos,

y sólo ahora, que se me viene el invierno, tendrán uso.

Mi pobre billetera guarda tarjetas de amigos,

boletos de micro con números capicúas,

mi DNI donde es más pintoresca mi impresión digital

que mi foto,

y la foto de los nenes que no muestro a nadie

porque ya están barbudos y les da vergüenza .

 

El único billete que tiene mi billetera

es uno de lotería que jugué la última Navidad

con el que conseguí ubicarme en el puesto 35500

detrás de los punteros.

 

A veces cobro, es cierto, me tiran unos pesos con alas.

Yo los veo volar lejos de mí,

hacia las cuotas, hacia las cuotas, hacia las cuotas,

hacia los impuestos, el gas, los teléfonos, EDEMSA, y Obras Sanitarias.

¿Cómo puede cobrarme Obras sanitarias si a los dos nos unen

las mismas cagadas?

A veces voy a los negocios, para ver cómo unos pocos

compran y pagan,

para ver con qué pagan,

para conocer mirando,

para aprender.

Soy un autodidacta de la mishiadura.

 

A veces suelo meterme en un banco para rezarle a Mauricio

a ver si se apiada y me obsequia

alguno de esos papelitos del Banco Central de la República Argentina,

esos que tienen la frase “En unión y libertad” al dorso,

concepto que ampliaría “En unión, libertad y en bancarrota”,

esos billetes que tienen la firma de Amado Boudou

cuando era ministro y no juzgado

esos billetes de verano, porque son convertibles,

de curso legal.

 

He llegado a soñar que alguien me presta uno.

no para gastarlo, ¡por Dios!,

jamás osaría gastar lo que no es mío.

(es una enseñanza que tomé de los políticos),

sino para verlo,

para admirarlo,

para aprendérmelo de memoria,

y así poder comprar algo de memoria.

Me podría pasar horas mirándolo,

estudiándole sus pequeñas filigranas

y las florcitas.

Me han dicho que tiene florcitas amarillas,

como esas que uno guardaba en los libros de Bécquer,

cuando adolescente;

florcitas amarillas,

flores como yo,

flores secas.

Lo miraría al trasluz para ver la otra cara de Roca,

la oculta,

porque es sabido que Roca tenía dos caras,

que es cuando empiezan a tener razón los de Bariloche.

Y me dormiría con él,

lo acunaría,

hasta me animaría a cantarle una canción de cuna:

“Duérmete cien pesos,

duérmete mi amor,

duérmete en la cama

de un pobre deudor”.

 

A la mañana siguiente lo devolvería.

¡Aaaaaahhhh!,

¡pero quién me quita lo soñado!

 

 

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