Mendoza,

de
de

 

Jorge Sosa

Retorno a las aulas

Como ayer ocurrió el regreso a clases de nuestros queridos querubines, se me ocurrió hacer una poesía que tuviese que ver con el tema y que reflejase las emociones de los padres cuando tienen que depositar, en ese ámbito de crecimiento a sus tiernas criaturitas. Aquí va.

27/7/2017

La madre planchó los guardapolvos,

cuidando cada pliego en esa tierna acción,

esquivando botones con la plancha,

aplastó los ruedos temblando de emoción.

 

El padre revisó las tres mochilas

como si repasara un pasado amor,

como si al revisar se revisara 

su tiempo de colegio que en ayer quedó.

 

Después mamá los fue vistiendo,

les fue poniendo el traje de aprender,

dejándoles caricias en el cuerpo,

cubriendo tres espigas con su sol de mujer.

 

El padre ayudó con los cuadernos,

con las lapiceras y con el libro aquel

que con sus páginas llenas de palabras

abriría las puertas del señor saber.

 

La madre peinó las tres cabecitas,

domó remolinos una y otra vez,

dejando más bella la belleza pura

de esos tres pimpollos puestos a crecer.

 

El padre con prisa cerró las mochilas,

y supo en silencio que un blanco papel

iba a ser llenado por tres poemitas

de dulces palabras rimadas en fe.

 

Después, con premura, subieron al auto,

y mientras viajaban rumbo a la verdad

mamá dio consejos de cómo portarse,

de cómo portarse les habló papá:

 

No jueguen de manos que es juego de brutos,

no se me distraigan, presten atención;

es muy feo, hijos, terminar el día

esperando un reto en la Dirección.

 

Abran los ojitos, abran los oídos,

abran a la Patria vuestro corazón;

ninguna enseñanza los halle dormidos,

que ninguna letra falte en la oración.

 

Después, en la escuela, justo en la vereda,

antes de que el timbre llamara a formar,

tres besos enormes dio papá en tres frentes;

tres besos enormes desgranó mamá.

 

Y los vieron irse hacia el patio enorme,

buscando el destino allá en el confín;

vieron alejarse a sus tres cachorros

entre un cielo blanco de sol porvenir.

 

Los vieron marcharse, y papá y mamá

se abrazaron mucho, se los vio sonreír,

y gritar gozosos: - ¡Cuatro horas menos

que no están en casa!

¡Por fin, por fin, por fin, por fin!

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