Mendoza,

de
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Jorge Sosa

¿Sabe usted?

Los provincianos nos quejamos del centralismo de Buenos Aires, nos sentimos dolidos por lo que creemos que es una especie de desprecio. Decimos que Dios atiende en Buenos Aires y estamos absolutamente convencidos de que si buscás trascendencia nacional tenés que irte a vivir a la Capital.

22/6/2017

Yo he trabajado en Buenos Aires y he podido comprobar lo que ahora digo. Es tan requirente, tan absorbente, tan dominante esa enorme megalópolis que uno se olvida de lo que queda más allá, de lo que está desparramado por la geografía del país y entonces toma realidad aquello de que “La Argentina termina en la General Paz”.

Digo yo: si las provincias son el interior del país, Buenos Aires qué es, ¿el exterior?

En Buenos Aires ocurren los grandes asuntos nacionales; las grandes noticias que pueblan las portadas de los diarios son en un ochenta por ciento de Buenos Aires, el deporte que tiene preferencias es el que se practica en Buenos Aires.

Sin embargo los que vivimos en esta ciudad con ínfulas de metrópolis,  actuamos de la misma forma con la gente de nuestros departamentos. Estuve compartiendo unos días con la gente de Malargüe. ¿Saben ustedes lo que somos para ellos? Somos el olvido, los dueños del olvido. Ellos saben que el meridiano de las decisiones, y el de la trascendencia, y el de la notoriedad pasa por el norte, por la capital de la provincia.

Y tienen razón, desconocemos, o no nos interesa, o no nos afecta lo que ocurre en otras regiones de nuestro mapa. ¿Sabe usted como está la ruta 40? ¿Sabe usted los nuevos emprendimientos de los malargüinos? ¿Sabe usted lo que es una “veranada”? ¿Sabe usted que hay niños de algunos puestos donde hablan con tonada chilena? Pero no nos quedemos solamente con las carencias. ¿Sabe usted la belleza que encierra Llancanelo, el Pozo de las Ánimas, la Laguna de la Niña Encantada, Valle Noble, Valle Hermoso, la Caverna de las Brujas, La Payunia? Pregunto esto porque según lo que dicen las estadísticas, el ochenta por ciento de los mendocinos no conoce Malargüe.

Pero veámoslo al revés, muchos, pero muchísimos mendocinos, de los cuatro puntos cardinales no conocen la ciudad de Mendoza, jamás accedieron a ella, ni se maravillaron con sus maravillas. Hay un olvido profundo de uno contra los otros. Somos nosotros, pero hay diferencia en el término, hay nosotros de la ciudad y nosotros del campo y creo que no se conocen.

Las realidades son distintas y es distinta la forma de contemplarlos. El ciudadano se olvida del campesino lo mismo que el porteño se olvida de las provincias. Sabemos que están pero no sabemos cómo viven, cuáles son sus realidades, cuánto sufren.

Sólo cuando digamos Mendoza y pensemos en todos, quiero decir desde el más lejano puestero de Lavalle hasta el más lejano puestero de Malargüe, vamos a estar diciendo Mendoza en su totalidad. Nosotros nos quejamos de los porteños y resulta que sin tener puerto, para muchos de nuestros comprovincianos somos más porteños que los porteños. ¿Duele no? Pero ¿sabe qué es lo malo? Que no es un dolor que venga de afuera, viene, increíblemente de adentro.

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