Mendoza,

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Jorge Sosa

Allá adelante

Allá, a fines del siglo XIX los adelantos tecnológicos no eran muy grandes, o tal vez no eran muy grandes a ojos vistas de hoy. No conocían ni el auto, ni el avión, ni la radio, ni la televisión, ni los teléfonos, ni la heladera, ni el aire acondicionado, ni la computadora, ni.

22/2/2017

De pronto los inventos se produjeron, las patentes pulularon y el mundo comenzó a moverse de otra manera. En cien años el hombre no solo voló sino que salió de las fronteras de su sistema solar con naves interplanetarias, no solo aprendió a apreciar los planetas del sistema de febo sino que se puso a bocear la existencias de exoplanetas como el que se dice la Nasa haber descubierto recientemente y que podría estar en condiciones de albergar la vida.

El hombre en cien años no solamente conoció el auto sino que hizo de él una de las industrias más poderosas del planeta. Los primeros autos desarrollaban velocidades casi de a pie y era anunciada su presencia con gente con bandera que prevenía a los paseantes que se acercaba uno de esos monstruos, hoy alcanzan velocidades superiores a los trescientos kilómetros por hora y nadie se asombra.

En cien años no sólo conoció la telefonía sino que esparció el invento de tal manera que si ahora no tenés dos teléfonos celulares al menos, sos un antiguo, un obsoleto. En cien años no solamente conoció la computadora sino que hizo de ella un auxiliar indispensable para entender el mundo moderno.

Sólo en cien años ocurrieron cosas impensadas desde aquella perspectiva. Imagínense que pudiesen revivir nuestros bisabuelos y vieran que las calles están pobladas de autos, que el cielo está surcado por caminos de humo, que podemos hablar con alguien que está a mil kilómetros caminando por la calle, que podemos ver lo que ocurre en nuestras antípodas en el momento que lo que ocurre está ocurriendo, que podemos recibir fotos impecables de las superficie de Marte, que nos podemos meter adentro del ser humano con una camarita y ver lo que le pasa al estómago, al corazón, a los pulmones.

Seguramente no lo podrían creer, al mismísimo Julio Verne se le haría difícil. Ahora imaginemos, si esto ocurrió hace cien años, ¿Qué ha de ocurrir dentro de mil años? ¿Qué tecnología manejaremos? ¿A qué universos accederemos? ¿Podremos cumplir con lo que ahora es ficción y hacernos invisibles, o convertirnos en energía o extender la vida ilimitadamente?

No creo que podamos acercarnos con nuestra imaginación. Pero hagamos otra formulación ¿Qué tecnología estaría utilizando en estos momentos una civilización que en un planeta cercano haya evolucionado mil años antes que nosotros? ¿Es posible?

¿Podremos en el futuro viajar por el tiempo? Ahora que las teorías cuánticas abren puertas hasta hace pocos años ni siquiera imaginadas, ahora que se comienza a hablar de “multi universos”, no de uno solo, ¿qué nuevos aportes hará la ciencia del futuro?

Si en el mañana podremos viajar por el tiempo, los famosos ovnis, tantas veces avistados  y tan poco evidentes, ¿No seremos nosotros mismos visitándonos desde miles de años adelante?

Todo lo más fantástico, es absolutamente posible. Tal vez en los años que vienen nos asombremos de lo que nos aguarda en el futuro, o simplemente, no queramos asomarnos a él.

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