Mendoza,

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Jorge Sosa

Perder el tiempo

Digan los que digan los dioses del consumo, y los coleccionistas de fortunas y bienes materiales, lo único, lo verdaderamente único que tenemos en esta vida, es el tiempo. Lo único que es realmente nuestro es este instante en el que vivimos.

16/2/2017

El tiempo es más valioso que el teléfono celular, aunque usted no lo crea y a pesar de que al teléfono celular le dedicamos gran parte de nuestro tiempo. Y del todo tiempo que nos da la vida como cupo, es el presente lo más tangible, lo importante. Hay un proverbio árabe, que en esto de proverbios sabían tanto o más que los chinos,  que es bien ilustrativo al respecto: “Lo pasado ha huido, lo que espera aún es ausencia, pero el presente es tuyo”.

Pero hay otro refrán que tiene mucho más que ver con lo que quiero demostrar, ese que dice: “No existe la falta de tiempo, existe la falta de interés. Porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día; lunes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad”.

Por eso, aquellas cosas o situaciones que nos hacen perder el tiempo, no nos están haciendo perder chucherías, pequeñeces, güevaditas, nos están haciendo perder lo más importante que tenemos. Quisiera que los expertos en estadísticas hicieran una evaluación de cuantas horas vidas, irrecuperables, perdemos en las salas de espera de los médicos, en las colas de los bancos, en las paradas de los micros. ¿Cómo hacen para devolvernos ese tiempo de vida, ah?

Sin embargo nosotros mismos perdemos el tiempo, a veces lastimosamente, cometiendo errores u olvidos que consumen un tiempo de vida en repararlos. Son segundos, pero suman minutos al cabo de cada día, y días al cabo de cada año.

Perdemos segundos valiosos cuando nos ponemos mal una media y la media no nos entra en el pie; cuando se nos cae una moneda, nos agachamos a levantarla y no lo logramos, otra vez lo intentamos y no lo logramos; cuando no encontramos la llave de casa, o cuando salimos de casa y ya hemos caminado seis cuadras y recién entonces nos acordamos que vamos a hacer un trámite y no traemos los documentos;  cuando nos ponemos los zapatos y / o zapatillas de parado y con los cordones anudados, y no entran, no entran; cuando nos ponemos los pantalones con los zapatos y / o zapatillas puestas y el pie no avanza, y perdemos el equilibrio, y el pie no avanza, no encuentra el final del túnel.

Perdemos valiosos segundos sacándole el celofán a los compact nuevos, debería haber un curso al respeto; también tratando de abrir las tapas a roscas de algunos tetras, buscando el jabón que se te cayó a la bañera cuando te estás bañando, y no lo chapás, y se escapa de las manos; cuando se te cae la carpeta que tenía hojas sueltas adentro de la carpeta; cuando te ponés la remera al revés; cuando se te hace un lío con algún cable y tenés que desenredarlo; cuando se te pasa el agua del mate y tenés que volver a calentarla, o cuando tratás de hacer una llamada de teléfono de quien no te acordás ni el nombre ni el número

Son muchas las maneras que tenemos para perder trocitos de vida que podrían ser ocupados en otros menesteres que no sean tan pavos. Mejor termino la nota aquí, a ver si todavía alguien deduce que leer una nota humorística en un diario, también es una pérdida de tiempo.

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