Mendoza,

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Jorge Sosa

El limón

¡Qué noble planta el limonero y su fruto, el limón! Sirve para preparar comida, como aderezo y como ingrediente fundamental de algunas bebidas. La limonada es una bebida muy antigua, inclusive más antigua que el agua.

26/1/2017

El limón está presente en la mesa cotidiana y sobre todo si encima de la mesa hay comida. Porque se le pone limón a todo, al asado, a las milanesas, al pescado, a la ensalada, hay hasta quienes le ponen limón al café con leche. Unas gotitas.

El hombre, siempre admirador de la figura femenina y siempre comparador de algunas de esas formas con productos comestibles (jamones, pan dulce, lomo, etc), asemeja a los senos femeninos con los limones. Es una modesta descripción, ya que el limón es una fruta de volumen pequeño, menguado, y generalmente los hombres prefieren algo más ostentoso en senos femeninos, no digo una sandía que sería una exageración que no se bancaría Caro Cuore pero por lo menos un par de  melones. Sin embargo los compara con los limones, es más, lleva a esa comparación a acciones para nada científicas pero que rondan lo místico. Dice una leyenda popular que para el 24 de agosto, el día de Santa Rosa, hay que golpear con un alambre al limonero para que dé limones más grandes, pues un amigo mío hacía lo mismo con su novia.

El limón es una fruta noble por donde se la mire, bueno, mucho no hay que mirar porque prácticamente es igualmente verde y rugoso en toda su extensión. Tan imprescindible es, tan necesario que puede faltar de todo en una casa pero una casa desescasada es aquella en la que no hay un limón. Tal vez por eso los grandes poetas le dedicaron algunos pasajes de sus grandes obras, como cuando el genial Antonio Machado escribiera o escribiese:

“Mi infancia son recuerdos,

De un patio de Sevilla

Y un huerto claro

Donde madura el limonero”.

Lo hizo también el célebre poeta árabe Salivavá, también conocido como “El beso”, en su poema el “Cantar de los frutos del prado”:

“No hay que darse por vencido

Donde no hay pan hay mendrugos

Y hasta en el limón bien seco

Puede haber gotas de jugo”.

Y el célebre poeta nacional, semiagropecuario, Narciso Musa, le dio rol protagónico al escribir:

“Me senté debajo de un limonero

Y sobre mi cabeza cayó un limón.

¡Que güevón!”

Las menciones populares lo tienen en cuenta cuando dicen: “Si la vida te da limones, pide sal y tequila”; “Chupa piña, chupa limón, chupa mis labios que saben mejor”; “A mí la vida más que media naranja me regaló un medio limón”; porque también el limón está ligado con lo agrio, con lo ácido y a veces sirve para ser comparado con situaciones nada agradables. También los piropos lo tienen en cuenta, buenamente, como aquel que expresa: “Eché un limón a rodar / y hasta tu puerta llegó, / porque hasta los limones saben / que nos queremos tú y yo”. Hasta la copla cuyana se ocupa del fruto de este citrus perenne: “Ayer pasé por tu casa / y me tiraste con un limón / la cáscara se cayó al suelo / el jugo en mi corazón”.

Pero el limón sale airoso como fruta noble y ocupa su lugar importante dentro de la valoración del humano. Claro que no todos son azahares: el limón tiene sus plagas que pueden depredarlo, menospreciarlo, exprimirlo malamente. Entre ellas están los pulgones; los ácaros; la mosca blanca; la mosca del Mediterráneo y Donald Trump.

Ojo que en cualquier momento comienzan a levantar un muro en Tucumán.

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